jueves, 5 de septiembre de 2013

84, Charing Cross Road-Helene Hanff



LO ESTÉRIL DE LO IMPOSTADO

Realmente no, no es un buen libro este 84, Charing Cross Road. Es efectista, está coloreado de una capa de pedantería que no es sino un ejercicio de ego de una escritora mediocre y, lo que es peor –porque parece que han engañado algunos críticos con ello-, en ningún caso es un conmovedor ejercicio de amor a los libros, ni una reivindicación de la literatura, ni nada por el estilo. Es un descomunal monumento al ego llevado a cabo por una autora discretísima.

Argumentalmente insostenible, estructurado en una secuencia de cartas cruzadas entre la propia escritora desde Estados Unidos y una librería de Londres, la novela supuestamente desarrolla la peculiar relación en la distancia que va fraguando entre la compradora y el librero. Supuestamente, afirmo, porque el libro, estéril en emociones y en el retrato de los personajes (y mucho hace para ello el talante impostado de las cartas), presenta a una autora caricaturizada en su papel de pseudo intelectual encastillada, amante de la literatura clásica inglesa, contrapuesta a un Frank Doel, el librero, difuminado, apenas esbozado, tras las respuestas comerciales que van tornándose en líneas de forzada calidez.

Porque no, aquí no hay tal calidez humana, ni sensibilidad, ni esos elementos que nos intentan vender los editores y parte de la crítica. La novela es un texto menor, casi diminuto me atrevería a decir, aburrido por muchos momentos, que presenta una narración casi inexistente en las cartas cruzadas, y que se despacha con una extensa enunciación culturalista de autores y volúmenes, citas de obras y de títulos a mayor gloria de los conocimientos de su autora. En este sentido, 84, Charing Cross Road, puede terminar resultando irritante, sin entrar a valorar el peculiar sentido del humor de Hanff, la mayoría de las veces lindando con lo repelente.

Pero el libro cayó de pie, fue abrazado por la crítica y por los lectores, soberanos a la hora de decidir aquello que merece la pena. Realmente, esos lectores fueron engañados en la maniobra comercial, deseosos como estaban de que alguien escribiera un libro que hablara sobre libros, o sobre la lectura, sobre el coleccionismo y el mismo fetichismo que sentían ellos. La identificación forzada, esa que se pretende de la autora con los lectores, con los devoradores de obras, los que bucean a la búsqueda de volúmenes en las librerías de viejo, se quiebra, falla. Es imposible establecer ninguna conexión con un texto plano, que por decreto se ha decidido que es algo totalmente diferente a lo que realmente resulta: un ejercicio de la pedantería ridícula de la autora Helene Hanff.

Ese texto es un fiasco: el fiasco que representa un texto que se vende como un homenaje y una declaración incondicional de amor a los libros y que no es sino una acumulación de presuntas genialidades de su autora, aplastado por el peso del culturalismo, lastrado por la incapacidad narrativa y herido de muerte por el tono de desgana y descuido generales que lo atraviesa. Y ya, que sí, que lo sé, que es todo verdad, que realmente ocurrió, que las cartas son reales… Entonces, si eso es cierto, todavía empeoran mucho más las cosas.

2 comentarios:

  1. Durante dos años me he resistido a la lectura del libro, más que nada porqué el exceso de entusiamo de las múltiples reseñas encontradas en la Red me hacían sospechar de él. Una vez leído, opino que no hay para tanto con el libro. No llego a coincidir al 100 % con tu opinión pero casi.
    Un saludo (y si me lo permites, enlazo tu entrada a mi blog).

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  2. Muchas gracias por tu comentario Lleixes, me agrada que estés casi de acuerdo conmigo, y por supuesto permito y agradezco que lo enlaces a tu blog.
    Un saludo y gracias por invertir tu tiempo visitando este sitio.

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