lunes, 23 de julio de 2012

Poemas-E.E.Cummings


STILNOVISMO DESESTRUCTURADO


Reconozco que he llegado hasta E.E. Cummings de la misma forma en que un glorioso día llegue al novelista John Fante: gracias a Bukowski. Ambos son anteriores a él, y si alcancé a Fante porque Bukowski lo reconocía como su inspirador, lo adoraba como un novelista de nervio –y tenía razón, desde luego-, a Cummings lo cita como una de sus referencias poéticas más importantes. De esa forma, podría establecer una ecuación sencilla: si Bukowski es un extraordinario novelista que se dice influido por Fante, que resulta ser un extraordinario autor, Cummings debería ser un poeta mayúsculo puesto que Charles Bukowski, si en algo destaca toda su maestría, si merece una fama duradera y prestigiosa, es como poeta. Sin embargo, la ecuación falló, y Cummings, caótico y desestructurado, me ha resultado muy por debajo de su auto declarado pupilo.

Sin embargo, hay un detalle sorprendente en Cummings que me ha resultado llamativo, y es la presencia -entre experimentación, quebranto de las normas estilísticas, anarquía compositiva-, la presencia de fondo, poderosa, de la escuela del dolce stil nuovo, de esa nueva forma de poetizar iniciada por el provenzal Arnaut Daniel y su  trovar clus, seguido de los Guinizelli, Calvalcanti y el propio Dante. Y, de ahí, mi enorme sorpresa y el jugo que le he podido extraer a los poemas, caóticos y muchas veces parapetados tras una enorme barrera de incomprensibilidad, fugazmente iluminados por ecos de esta poesía trovadoresca de los maestros d´amore.

A simple vista, una forma como la de Cummings no parece la más adecuada para remedar a poetas enfrascados con una de las composiciones más complejas de la poesía, la sextina, inventada por el propio Arnaut Daniel, en la que glosaban muchos de sus cantos de amor los stilnovistas. Sin embargo, aparecen unas composiciones amorosas en Cummings harto sorprendentes. Por supuesto, su prologuista y traductor Alfonso Canales ya nos pone de sobre aviso en la introducción al poemario, lo que hace, desde luego, que Cummings pueda ser leído (y quién dice leído dice también ligeramente entendido) con otros ojos.

Así, y como una caja poética que contiene otra caja poética que a su vez encierra otra, del stil nuovo se alcanza a Ezra Pound, redescubridor de la trova provenzal, relanzador de los stilnovistas y una de las mayores influencias reconocidas de Cummings. De esta manera, queda trazado el camino poético, de Daniel a Pound y de Pound a Cummings, incluso y finalmente, de Cummings a Bukowski, pero eso es otra historia. Ante semejante recorrido, se pueden entender esas formas amorosas descompuestas en los poemas (los citaré por sus primeros versos) “quiero tu cuerpo cuando está con tu/cuerpo”, o en la composición “Señora del Silencio” -¿estamos ante una reescritura de una desestructurada y moderna donna della salute?-; “desde hace mucho tiempo mi corazón ha estado con el tuyo” y “llevo tu corazón en mí”, nos acercan ya y son algo más que meros ecos de la Vida Nueva de Dante, y “desde que yo te amo”, “querida mía desde que/ tú y/yo estamos del todo obsesionados”, “siempre mi corazón se abra a las avecillas” y el bucólico “cuánto te quiero (prenda querida)”, generan con su lectura un extraño chirrido al principio, incomprensible, que se transforma en un cosquilleo placentero cuando uno puede identificar la rica y larga tradición provenzal en la que Cummings ha decidido instalarse con esos versos.

Por supuesto, la selección de poemas de Cummings puede incluir algunos completamente ilegibles en donde cada palabra y cada letra se deshace retorcida, o composiciones de sesgo político... Sin embargo, este acercamiento provenzal es el que me ha resultado más válido, por lo original, chocante si se me apura, y deseo pensar que fue en esta fusión de originalidad y ternura, de sensibilidad acribillada por el acerico de la modernidad, con todo lo de potente que tiene, lo que cautivó a Charles Bukowski.

Eso deseo pensar.

Muchos poemas resultan de una frialdad insoportable, algunos de ellos son absolutamente incomprensibles e intraducibles -y tampoco muy legibles en inglés-. Cummings se autoimpone una dictadura demasiada férrea, una dictadura de la forma presuntamente nueva o rompedora que aniquila muchos de los recursos de su poesía presentándola helada; sin embargo, esa relectura nueva de los provenzales resulta enriquecedora desde una forma innovadora.

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