domingo, 8 de julio de 2012

Kafka -Max Brod-


LA FUNDACIÓN DEL MITO

Puede que no sea el mejor texto sobre Kafka, y realmente creo que es el peor. Y puede que esté escrito desde una trinchera, más bien desde un búnker de admiración, que lo intoxica todo. Es obvio que sus datos no sólo no son objetivos, sino que Max Brod oculta información, manipula la vida de Kafka, lo pedestaliza, lo remodela a sus anchas para crear el mito que, desde entonces, desde este texto, ya será para siempre y para nosotros.

Y Brod comete, además, un enorme pecado al narrarnos la vida de Kafka: a veces aburre. Es moroso, abruma con sus notas a pie, de una densidad intolerable que va más allá de lo que un editor juicioso podría permitir, se pierde en insignificancias y vela sucesos trascendentes... Pero ambos eran amigos. Era el amigo de Kafka, de eso no queda duda, y por ello, aunque fuera sólo por eso, por la visión que de Kafka tiene quien estuvo con él, junto a él mucho tiempo, el libro ya merece la pena.

Y todo lo anterior queda eclipsado por ser el origen del mito y el arranque de un ingente número de estudios y textos infinitamente mejores y mejorados sobre la figura de Kafka que remiten como punto de partida a este trabajo de Brod, sin el cual hubieran sido imposibles. En eso radica su mérito, enorme.

La aproximación de Brod está estructurada de una manera puramente biográfica, desde el nacimiento y la infancia recorre la vida del escritor hasta su muerte en el sanatorio austriaco en el que recaba en los últimos momentos. Es un recorrido no exento de emoción, pero también lastrado por la admiración casi enfermiza del amigo. Brod, muchas veces, cita de memoria palabras y frases de Kafka que nos hacen preguntarnos si vivió junto a él permanentemente anotando todo lo que decía, o bien su memoria es prodigiosa. Sí, es cierto que Kafka empleó la mayor parte de su tiempo, por desgracia, en redactar cartas a los amigos, las amantes, y a rellenar un diario exhaustivo y agotador en lugar de escribir más literatura. Gracias a ese diario se pueden saber con detalle la mayoría de los movimientos de Kafka, pero ciertas afirmaciones y recuerdos demasiado exactos de Brod me hacen preguntarme si Franz Kafka era observado por su amigo como un insecto al microscopio; si él era el único que ignoraba su genialidad mientras, alrededor, todos anotaban y pugnaban por recordar hasta el menor de sus movimientos, hasta el último hálito (como es el caso de Gustav Janouch y esos recuerdos tan minuciosos -como ciertamente increíbles en un enorme porcentaje-, aunque poseen su encanto).

No deja de ser inquietante percibir eso, cómo todos lo que rodeaban a un Kafka incomprendido y solitario se mantenían en la creencia de que era un genio para la posteridad, y que él ni siquiera pudiera imaginarlo. Es otra de las paradojas de la existencia de Kafka, glosada en cientos de libros una y otra vez, fascinante, mientras para él resultaba de lo más anodina. En ese sentido, Brod aporta muchísimas declaraciones de su amigo, quizás sea el material más enriquecedor del libro, bien entresacadas de los diarios, de cartas personales, de charlas de café... aunque después de leer la biografía uno no sabe si entiende, ahora, mejor o incluso peor, a Kafka.

Brod disecciona a su amigo para desnudarlo ante el lector y volver a vestirlo, al final del libro, ya con los ropajes que nunca lo abandonaran: los de mito literario del siglo XX. Brod lo empezó todo, ignoramos que sabríamos de Kafka actualmente, cómo lo valoraríamos, sin la contribución de Max Brod: aunque esté plagada de errores o sea, cuanto menos, bastante cuestionable en muchos de sus aspectos.

Un texto crucial por lo que representa: la fundación del mito y del modelo literario kafkiano, el primero que pone el empeño y el esfuerzo en acercarnos una de las figuras más importantes de la literatura universal.

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