miércoles, 21 de septiembre de 2011

La gaviota -Antón Chéjov-.



CREACIÓN Y AGÓN

En un curso que me impartió hace unos años Fermín Cabal, dramaturgo, sostuvo la teoría de que el Agón era el principio y final de toda obra teatral, que sin el Agón no habría teatro. El Agón –palabra griega- es la contienda, el desafío, la disputa, el conflicto. Y todas las obras de teatro se estructuran en relaciones de agones entre sus personajes. Quizás aquí empiece la revolución de Chéjov, en las líneas del conflicto de sus personajes que se difuminan en otros pequeños conflictos, y estos en otros... En La Gaviota, los agones de los personajes son minúsculos, supeditados todos ellos a un Agón superior y enorme que lo domina todo. Porque, en La Gaviota, el tema principal, que lo eclipsa todo, es el conflicto que se apodera de tres personajes principales, Treplev, Nina y Trigorin: la creación literaria, la chispa creadora, la epifanía.

Mientras los tres personajes se debaten en la angustia que les provoca la creación artística en alguna de sus formas, de fondo corren, apenas dibujadas, o más bien desdibujadas, unas pequeñas subtramas. Es cierto que hay una especie de relación amorosa de Treplev por Nina, de Nina por Trigorin, de Arkádina por Trigorin, de Masha por Treplev, de Medvedénko por Masha, de Polina por Dorn… y existen los celos de Arkádina por Nina, de Treplev por Trigorin…incluso un conflicto de Treplev con su madre, pero no, no nos interesan, son demasiados agones, demasiadas relaciones críticas para cuatro actos tan cortos, apenas intuidas, devoradas por el Agón mayor de la Creación y de la Vocación. Y el extravío de ella, obviamente.

La gaviota, el animal, el pájaro, representa eso: la Creación. En Treplev, el ansia creadora terminará muerta y corrompida; la vocación, en Nina, extraviada en la rutina como ya le ha sucedido a Arkádina; y la creación está acartonada, acomodada, machacada por la rutina de Trigorin, que incluso ordena embalsamar la gaviota, aunque luego no lo recuerde, en una clara imagen de cómo una vez fue un autor creativo que ya ha dejado de serlo, que en algún momento experimentó la chispa, pero ha olvidado el cómo. Porque la gaviota de la creación literaria, que puede desplegar sus alas y elevarse, se ha convertido en un ser inerte, muerto en manos de estos artistas derrotados, incluso en algo caduco y disecado: ¿cabe, así, mayor símil para representar las fuerzas que luchan por poseer el alma del artista?

La Gaviota es, además, o quizás sólo eso -todo eso-, un ejercicio de la huida de lo teatral, donde atendemos más a los detalles de los personajes que a lo que realmente les sucede, sin efectismos. Se trata de esa corriente submarina acuñada por Stanislavski y sublimada en la obra en referencia a la misión del arte, más concretamente sobre la literatura y el teatro y el misterio de su creación. En la obra se representa la vida como es y las personas como son, sin ninguna distorsión teatral. Lo corriente adquiere así un valor supremo: personajes patéticos creados con escaso énfasis. Como si todo estuviera envuelto en una desgana existencial, pero atendiendo a lo microscópico. Para Nabokov, Chéjov fue el primer escritor en apoyarse en las corrientes subterráneas de la sugerencia para comunicar un contenido. Quizás esto resuma el fracaso inicial de la obra, incomprendida, y su posterior resurrección cuando se entendió que un único detalle esbozado por Chéjov ilumina la totalidad del ambiente.

He hablado, aquí, del misterio de la creación literaria… ¿cómo crea un autor? Cada vez tengo más claro que a golpe de epifanías. Este es un tema que me viene obsesionando, y me he encontrado con un claro reflejo en los comportamientos de Treplev, Trigorin y Nina. Antes veamos un par de ejemplos de a qué me estoy refiriendo:

Johann Georg Hamann fue enviado a Londres en el año 1756 (se especula hasta con motivos cercanos al espionaje y con la misión de vender Könisberg a los británicos). Una crisis vital lo mantuvo durante un mes encerrado en su hotel (por llamar así al antro en el que se hospedaba). Se mantuvo a flote leyendo la Biblia, lo que le transformó en escritor, en el escritor que sería conocido después como el Mago del Norte por su estilo. El resto de su vida, antes y después de esta epifanía, es irrelevante: sólo importan, desde ese momento, sus obras.

Otro escritor que sufrió una epifanía de dimensiones transformadoras -¿acaso no todas las epifanías son transmutadoras?- fue Kafka: en la noche del 22 de septiembre de 1912 se sentó en su escritorio del número 36 de la Kiklasstrasse de Praga y se produjo algo inexplicable. El escritor bloqueado, el apático ciudadano con dudas, el chupatintas de la administración, se demostraba así mismo que era un escritor logrando terminar, de un tirón y en sólo una noche, el relato La Condena (¡Por cierto, qué similitudes las del Treplev de La Gaviota con Kafka!) Otra epifanía.

Pues bien, el intelectual de Chéjov, el creador, es un ser incapacitado para poner en pie su trabajo. Treplev ha experimentado la epifanía fuera de la obra de teatro, antes de que esta empiece, y rápidamente la extravía. Trigorin, que alguna vez la experimentó, también la ha perdido en la rutina y el hastío de la consagración como autor. La madre de Treplev ni recuerda cuando poseyó la vocación. Y sólo Nina, delante nuestro, sufre la revelación, el nudo del Agón se deshace así ante la epifanía, la revelación de que ella se dedicará al teatro… para terminar como Arkádina: harta hasta perder toda chispa vivificadora. O para terminar como Treplev, con un disparo, puesto que la agonía de la literatura, el Agón de la literatura, lo lleva a dispararse como le sucedió a Silva o a Potocki o a tantos otros… El disparo es el colofón a la maniobra creadora, la única manera de bajarse de la ola de la literatura cuando esta te ha infectado hasta los huesos.

Realmente, este es el problema de acercarse a la obra como yo me he acercado, en calidad de narrador, en calidad de creador, porque el tema de la creación literaria ha supeditado toda mi lectura. Chéjov, en una carta de 1888, se preguntaba: ¿para qué y para quien escribo?, y parece que en esta obra hubiera intentado abordar el asunto, aunque no encuentre una respuesta satisfactoria. La Gaviota es ficción teatral sobre ficción literaria. Es tal el engaño que crea en el lector o en el espectador, genera tal ilusión, que apenas se advierte que Nina está proyectada en Arkádina, que Treplev lo será en Trigorin, el maestro en el médico, y que unos y otros no son más que ellos mismos y su transformación. Y tal engaño culmina con el disparo de Treplev, que se burla de todos. Quienes crean que se ha matado es porque desean que, al menos, la obra cierre un conflicto, porque, en realidad, la historia, construida en olas, en oleadas, no termina nunca. Mientras las personas sigan vivas no hay posibilidad de concluir con sus conflictos, con sus agones. Entonces… ¿alguien puede asegurar que el disparo de Treplev haya sido mortal?

Chéjov nos engaña a todos porque, antes, Treplev ya se disparó, en el espacio entre dos actos, y siguió vivo. ¿Qué nos hace ahora pensar que realmente muere? ¿Qué nos impide creer que, igual que Nina rondará para siempre por caminos polvorientos y teatros de segunda y que Trigorin seguirá escribiendo rutinariamente en su tormento, Treplev, una y otra vez, en el juego metaliterario, no se disparará eternamente?

Una obra sorprendente, redescubierta como nueva con cada lectura, con una corriente subterránea conmovedora, con unos personajes inolvidables, con un planteamiento sobre la creación literaria, sobre la vida como problema estético, turbador y ciertamente derrotado; una amargura deliciosa.

9 comentarios:

  1. Gracias por este análisis. Estoy estudiando esta obra para unas pruebas de acceso a una escuela de arte dramático, y me ha sido muy útil. Reveladora la cuestión de que, quizá, Tréplev no haya conseguido suicidarse. Me quedo con eso.


    Saludos!

    Irene

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  2. Muchas gracias, eres muy amable, gracias por comentar y por dedicar tu valioso tiempo a leer mi comentario. Y si, además, te ha valido de algo el análisis, me siento enormemente satisfecho. ¡Suerte en ese acceso!
    Un saludo.

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  3. Estamos trabajando una escena de la obra en clases de actuación, este análisis me ha ayudado a refrescar mi visión de la obra, muchas gracias!

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    1. Gracias por el comentario, me alegra enormemente que mi reflexión te haya sido de utilidad.

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  4. Gracias por el análisis, me ha ayudado en mi propio análisis de la obra.

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    1. Gracias a ti Suara, por leer y comentar, un saludo.

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Agradecido por su contribución... me ha sido muy útil para mi visión y conclusión de la obra... Un merecido aplauzo por su trabajo.
    Atte.
    Robert Escurra, Asunción-Paraguay

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    1. Muchísimas gracias por ese aplauso, aunque lo que más me alegra y reconforta es que mi visión de la obra os esté ayudando a mirarla de una forma diferente, o más clara, o algo más allá... Un gran saludo.

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