viernes, 8 de julio de 2011

Vive o muere-Anne Sexton-.




VENAS DE MARTINI

La canción Mercy Street, del álbum So del cantante Peter Gabriel, inspirada a su vez en el poema 45 Mercy Street de la escritora estadounidense Anne Sexton, me puso sobre la pista que desembocó en la conexión entre la propia Sexton y Sylvia Plath –una conexión que iba mucho más lejos de sus respectivos suicidios-.
En 1959 se consideraba a Robert Lowell el poeta más notable de los Estados Unidos. Su primera obra, compleja y tensa, tenía mucho prestigio y había iniciado el proceso de romper con la lírica de estructura rígida. Varias poetas jóvenes se habían desplazado para estudiar junto a él, en Boston, ya que impartía clases. A su seminario asistían Stephen Sandy, Don Junkins, Henry Braun, George Starbuck, Steve Berg… pero el nombre que nos interesa es el de Anne Sexton. Sylvia Plath se interesó por la obra de Lowell ya que era víctima de crisis nerviosas, como ella en el pasado, y decidió apuntarse al seminario en donde, finalmente, coincidieron ella y Sexton.
En esa época, Anne Sexton era animosa y locuaz, relativamente novata en la poesía y en las clases de creación literaria. Era una esposa moderna y atractiva de clase media cuya crisis tras el nacimiento de sus hijas había sido el tema de algunos de sus poemas. A Sylvia le interesó porque sus experiencias vitales era similares a las suyas y se identificaba con lo que escribía, además de que admiraba sus técnicas innovadoras. Todos los años de ejercicio conservador de la Plath se vinieron abajo. Tardó meses en encontrar una dirección poética para su obra como Anne Sexton había conseguido con la suya. Un trabajo de Anne, en el cual se dirigía al psicólogo, terminó de sellar la relación de amistad entre ambas. La poesía y la amistad de Anne Sexton eran algo que Sylvia no podía encontrar en ninguna otra parte, ni siquiera en casa, pues las imágenes y los temas de los poemas de Ted Hughes le eran ajenos. Anne Sexton era ya consciente de su especial competencia como mujer poeta, en ese sentido influyó en Sylvia como no podría haberlo hecho ningún poeta varón.
Además, por esas fechas, la primavera de 1959, ambas compartían otro asunto: Sylvia estaba sometida al tratamiento terapéutico de la doctora Beuscher y Anne Sexton utilizaba el psicoanálisis para conseguir superar la muerte de sus padres –acaecida con escasos meses de diferencia-. Lamentablemente, años después, ambas compartirían destino: el suicidio.
El libro Vive o Muere contiene los poemas que Anne Sexton escribió entre los años 1961 y 1966. Ganó un Pulitzer y representó una ruptura en la poesía de su autora. Es la lucha de Eros contra Thanatos y el único cuyo contenido –más autobiográfico que ninguno otro- su autora aceptó ordenar de forma cronológica. Es la tensión dramática entre la vida y la muerte, entre el deseo de vivir y el fuerte deseo de morir.
Quiero recordar aquí, de entre todos los poemas que aparecen en el libro, el poema titulado La Muerte de Sylvia: escrito seis días después de la muerte de Sylvia Plath, comienza con una invocación casi elegiaca, y un recuerdo a los hijos de la poeta, ahora huérfanos. Pero la que podía haber sido una elegía se convierte en una especie de valerosa carta de amor reivindicativa. Anne Sexton se muestra enfadada: el suicidio de Sylvia va en contra de su carrera, de la posteridad, y traiciona la palabra que ambas se habían dado, puesto que Sexton también deseaba suicidarse y por respeto a su amiga lo había venido aplazando. Tal vez se daba cuenta, en este justo instante, de que ya nada le ataba a este mundo y que sus pasos hacia el suicidio estaban más expeditos que nunca.
A partir de la invocación, el lenguaje se hace más simbólico, la muerte es un batería somnoliento, se mezclan los mundos urbanos y rurales, y el borracho que debería cantar, no canta.
Es bien significativo que en todo el poema la muerte aparece caracterizada como un hombre. En el imaginario de la Sexton, la muerte siempre es un hombre cuando se produce de muerte natural, pero una mujer en el suicidio. Sin embargo, en el caso de Sylvia Plath, Sexton rompe con esta norma: la muerte parece tener una relación con ese visitante masculino de los versos de Emily Dickinson.
Anne Sexton le confesó a su médico que la forma de morir de Plath era la manera perfecta, que le producía fascinación… aunque escribió en una de sus cartas: “¡Su pérdida, la gran pérdida de todo lo que podría haber hecho!“.Para terminar reconociendo que “Sylvia tenía el suicidio dentro de ella, como yo”.

Una gran poeta, innovadora y arriesgada, con venas de Martini y mala baba.

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