sábado, 2 de julio de 2011

La Vida Nueva -Dante-.





GUÍA PARA CORAZONES ATORMENTADOS

Dante fue el primero que comenzó ha hablar como poeta vulgar porque deseaba hacer entender sus palabras a su dama, que al parecer le resultaba bastante difícil entender los versos latinos. Porque el amor es antes que cualquier cosa, anterior incluso a la tradición trovadoresca, a la lírica siciliana, a los grandes poetas latinos, al trobar clus… siguiendo esa máxima, Dante construye un texto revolucionario, mezcla de narrativa, poesía y metaliteratura: la Vida Nueva.
A partir de ahora, en las rimas de Dante encontramos una imagen femenina que se apodera de la mente, que la invade, y la palabra se sacraliza como culto religioso a la mujer. Esa mujer será Beatriz, en un texto que narra el enamoramiento del poeta, la pérdida de la amada y la preparación para una sacralización o santificación del personaje de Beatriz que llegará en el Paraíso de la Divina Comedia. En ese sentido, el libro no es más que una preparación, un adelanto del sistema, de la interpretación de la vida, del esquema de valores físico y psicológicos que Dante expondrá en la Comedia y cuyo cimiento es Beatriz.
Dante vio a Beatriz con nueve años –la numerología es fundamental en el libro- y ya no volvió a verla hasta nueve años después. Inmediatamente, se convierte en el ser más importante de su vida, porque al encontrarla de nuevo, y cruzar la mirada, cambió la historia de la literatura y también nuestros corazones.
La muerte de Beatriz, anunciada en un poema premonitorio que describe un sueño asaz inquietante –el tema mítico religioso del corazón devorado por amor-, convierte a Dante en un ascético, ya que su amor se ha desvinculado del objeto físico para convertirse en algo idealizado. En ese sentido, a nuevos sentimientos, a nuevo objeto sobre el que centrarse, nuevas estructuras, y prosas y versos.
Nuevos versos, sí, y tal circunstancia era conocida por Dante, sabedor del camino que estaba abriendo. Por eso, en uno de los aspectos más llamativos del libro, se detiene, tras cada poema, a comentar y explicar, incluso en la división por partes y en la materia que trata, su obra, introduciendo una función metaliteraria harto sorprendente que, por cierto, también se encontraba presente en las églogas pastoriles de Virgilio –si bien la referencia metaliteraria era aquí de otra manera-.
La Vida Nueva legitima la fusión entre poesía amorosa o erótica y la experiencia mística o religiosa y, en efecto, esa sublimación del ser querido recorrerá desde entonces toda la poesía hasta nuestros días, como si la persona amada se tratase de un nuevo Cristo redentor, sentando las bases de la conocida como “hipérbole sacro-profana”.
La Vida Nueva o, tal y cómo aparece en el texto, Incipit Vita Nova, es el significado que el amor produce en el amante, la revolución interior, pero va más allá en este caso, porque la vida de Dante ya no será igual después de la muerte de Beatriz. La novedad se balancea entre lo sagrado y lo profano y todo el libro es un intento de altarización o pedestalización de Beatriz –fallecida antes de la escritura del libro, que actúa como un libro de memorias-. Sin embargo, Dante necesita aún pulir estilo y temas, y abandona la Vida Nueva con la promesa de que escribirá de nuevo sobre Beatriz, “acerca de ella lo que nunca fue dicho acerca de ninguna”. Abre así una línea directa que entroncará con el gran poema a Beatriz, la Divina Comedia.
De entre las rimas que aparecen en el libro señalaré algunos poemas que me han gustado o llamado la atención por uno u otro aspecto. En este sentido “Puesto que llora Amor, llorad amantes”, el ejemplo de balada estilnovista, “Balada, quiero que busques a Amor” –el poema como mensajero de Dante en pos de encontrar a la amada y revelársele-, “A la mente me viene con frecuencia”, con los expresivos versos “un palpitar mi corazón sacude/que hace partir el alma de los pulsos”, o “Damas que sois en amor entendidas”, con la perla de la siguiente interrogación retórica: “¿Algo mortal/cómo puede ser tan hermoso y puro?”.
Beatriz, muriendo, asume el significado de un ente trascendente y divino, como Dante demuestra en la extensa composición “Por la piedad del corazón, los tristes”, con una tirada de versos que ponen de manifiesto la realidad mística y los motivos del tránsito de Beatriz: “Beatriz al alto cielo se ha marchado,/al reino en el que tienen paz los ángeles,/y con ellos está, y os ha dejado:/no nos la arrebataron los calores,/ni los hielos como hace con las otras,/más sólo fue su gran benignidad;/porque de su humildad pasó a los cielos/el resplandor con tanto poderío,/que al eterno Señor asombrar hizo,/tal que un dulce deseo/lo alcanzó de llamar perfección tanta;/y la hizo venir a sí de acá,/porque veía que esta odiosa vida/de tan preciada cosa no era digna”.
Beatriz es llamada a los cielos por el propio Dios porque no era digna de una vida terrena repleta de inmundicias. El camino para la Divina Comedia acababa de abrirse. Para fortuna nuestra.

Dante estremece, inquieta y perturba, penetra en la cabeza como un luminoso gota a gota. Un texto muy necesario para quienes atravesamos momentos tan duros y tan dificultosos.

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