lunes, 4 de julio de 2011

Del natural -W.G.Sebald-.




ENSAYO LÍRICO CAMUFLADO

Del Natural es la primera obra que escribió W.G. Sebald, en el año 1983. Al igual que el resto de sus obras, no resulta un trabajo de fácil clasificación. Podría decirse que se trata de un poema en prosa, pero también podría calificarse como un libro de historia o una especie de diario fuera de lo común; de hecho, Sebald escogió una forma que no volvería a repetir: el “poema rudimentario”, tal y cómo subtitula Del Natural.
El poema se divide en tres secciones que funcionan de manera autónoma, aunque su autor buscó que funcionarían también como un todo. La primera parte es la biografía del pintor germano Matthias Grünewald. La segunda narra las peripecias del botánico G.W.Steller, durante una expedición con Vitus Bering, y la tercera sección tiene como protagonista al propio Sebald y es una panorámica de la infancia y primera juventud del propio autor reflejada a través de un viaje a la pinacoteca de Múnich para contemplar La batalla de Alejandro, del pintor Albretch Altdorfer.
Así que, el largo poema, es un recorrido por los temas predilectos de Sebald: el dolor humano y el sentimiento de pérdida, junto al desarraigo. Nos introduce en su peculiar mundo acompañado por dos personajes del pasado, Grünewald y Steller, con quienes se identifica. El pintor Grünewald -que nació cerca del pueblo natal del autor- es un ser extraviado, perdido en sus inmensos retablos, desarraigado y extraño de sí mismo como lo era el propio Sebald y como lo son otros personajes suyos: el Jacques de Austerlitz, la Janine en Los Anillos de Saturno, el mismo Sebald en Vértigo. Se vale del mundo de Grünewald y de la Alemania envuelta en la Guerra de los Campesinos del siglo XVI para traer al presente problemas que le son cercanos y siempre presentes en su obra: “Sabido es que existe una larga tradición/de perseguir judíos, también/en la ciudad de Francfort del Meno”. Con estas palabras arranca una digresión de cuatro páginas de extensión en donde recuerda los pogromos sufridos por los judíos en la Alta Edad Media y los presenciados por ese extraño yo lírico que es, en esos momentos del texto, Grünewald-Sebald. Nos trae así, el Holocausto, tema siempre presente en todas las obras del autor. Esta parte sobre Grünewald es una muestra de su obsesión por la historia, por el maridaje entre narración y memoria histórica, pilar de toda su creación. Esto lo repetirá en las otras partes del poema, en la dedicada a Steller y los viajes científicos, y en la última sección autobiográfica, la más reveladora.
La sección dedicada a Georg Wilhelm Steller (comparte iniciales con Sebald, coincidencia autor/personaje fundamental) es un canto a la naturaleza desbocada a la par que diálogo entablado entre esa misma naturaleza y la opresora, angustiosa, civilización. Steller es un exiliado, como Sebald, un hombre de cultura y ciencia que acabará extraviado en Siberia de igual modo que Sebald vaga errático por Manchester, ambos a la búsqueda de una identidad perdida, quizás nunca extraviada porque jamás la tuvieron. La interpretación de la naturaleza no deja de poseer un carácter que recuerda a los románticos alemanes.
En la última parte Del Natural, Sebald nos muestra dos temas que serán fundamentales en sus siguientes obras: la Historia y la interpretación que de ella se hace. El yo lírico del autor coincide con su yo histórico, más biográfico que nunca en el poema, y nos narra su infancia y su adolescencia bávaras y su emigración a Inglaterra en lo que será una avanzadilla de su Sobre la Historia Natural de la Destrucción. No deja de preguntarse (será su obsesión), el porqué del mutismo –ese trauma jamás superado-, incluso de sus padres cuando salen a colación los bombardeos sobre Alemania: “…partida de mi padre hacia Dresde,/de cuya belleza su memoria,/como dice cuando le pregunto, no guarda ningún recuerdo./(…)vio/ Nuremberg en llamas,/pero no recuerda/qué aspecto tenía la ciudad ardiendo/ni cuáles fueron sus sentimientos/al verla”. El mutismo afectará a cualquiera en Alemania, y a quienes son educados en la ignorancia de los crímenes y castigos pasados y soportados: “Me crié/ a pesar del horrible curso de los acontecimientos/ en la margen septentrional de los Alpes, según me/ parece, / sin tener ninguna idea de la destrucción”. Ese es su drama, que le lleva a iniciar una serie de viajes de búsqueda en pos de su propio yo, al igual que Grünewald vaga por Baviera o Steller se interna en Siberia, todos ellos víctimas de la desorientación.
Así es este Del Natural, que me atrevo a calificar como ensayo lírico.

La prosa, aunque se fraccione, sigue siendo prosa, y se le daba, infinitamente mejor, una narrativa menos constreñida.

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