viernes, 31 de diciembre de 2010

Vida y Destino -Vasili Grossman-.



LA LITERATURA DE LA BARBARIE

De entre todos los siglos que jalonan la historia de la humanidad no cabe duda de que el siglo XX, con sus dos guerras mundiales, que se podrían entender como una sola, con un periodo de tensa tregua de veinte años en donde los problemas que desembocaron en la primera conflagración no hicieron sino crecer, lejos de quedar resueltos, hasta estallar en un segundo conflicto mucho peor; el siglo XX es, con mucho, en cuanto a muerte, destrucción, sangre, masacres, asesinatos y crímenes, el peor o, como lo define Imré Kértesz en su Kaddish por el Hijo no Nacido: “el siglo, ese pelotón de fusilamiento en servicio permanente”.
¿Qué podía hacer el individuo inmerso en esta batalla? Todorov opina, en su Memoria del Mal, Tentación del Bien: “¿Cómo será recordado, algún día, este siglo? ¿Se llamará el siglo de Stalin y Hitler? Eso sería conceder a los tiranos un honor que no merecen? ¿Se le dará el nombre de los escritores y pensadores más influyentes en vida, los que suscitaban mayor entusiasmo y controversia, aunque se advierta, con posterioridad, que casi siempre se equivocaron en sus elecciones y que indujeron a error a los millones de lectores que les admiraban? (...) Por mi parte, preferiría que se recordaran, de este siglo sombrío, las luminosas figuras de los pocos individuos de dramático destino y lucidez implacable que siguieron creyendo, a pesar de todo, que el hombre merece seguir siendo el objetivo del hombre”.
A tal efecto, para recordar a esas figuras que lucieron como pocas en el transcurso de la oscuridad del siglo, he elegido a un escritor que se enfrentó de variadas maneras a la barbarie, aunque siempre tuvo muy claro que el hombre merece seguir siendo objetivo del hombre: Vassili Grossman, que, a su modo y como corresponsal en el frente de la batalla, dio testimonio del mundo en llamas, unas llamas que intentó sofocar con su escritura.
Judío de lengua rusa y nacionalidad soviética, Grossman pasó a la historia de la literatura por dos novelas: Vida y Destino y Todo Pasa, ambas un arriesgado análisis de la sociedad totalitaria que le tocó vivir pero con la que no siempre fue crítico. Todorov opina de él: “El Destino de Grossman comporta un enigma que podría formularse así: ¿cómo es posible que sea el único escritor soviético conocido por haber sufrido una conversión radical, pasando de la sumisión a la revuelta, de la ceguera a la lucidez? ¿El único en haber sido, primero, un servidor ortodoxo y temeroso del régimen, y en haberse atrevido, más tarde, a enfrentarse con el problema del Estado totalitario en toda su magnitud?”.
Será el conflicto de la Segunda Guerra Mundial el que lleve a Grossman a cambiar de perspectiva ante el régimen soviético, de ahí la importancia que tuvo para él, y Todorov continúa con este análisis: “Grossman sufre una completa mutación: de sometido a hombre que ansía y busca la libertad. Al principio, Grossman se definía a sí mismo como marxista”. Los personajes de sus primeros escritos –su novela larga Stepán Kolchugin consagrada a la vida de los obreros- eran personajes típicamente soviéticos, típicamente plegados al sistema. En el año 1933 detuvieron a su prima Nadia, que le había ayudado mucho en su carrera de literato, pero no hizo nada por ayudarla. Después, en el 1937, fueron dos escritores, dos de sus mejores amigos y vinculados a su mismo grupo literario, Pereval, los purgados, ante la pasividad de Grossman. En 1938 el ejecutado será su tío, y su indiferencia continúa, es un fiel producto al servicio del Partido. Incluso en el 1937 firmó una petición de pena de muerte colectiva para los implicados en uno de los procesos de Moscú, Bujarín entre ellos. La delación y la sumisión eran el modo de supervivencia impuesto en el régimen de Stalin al que Grossman no era ajeno. Eran los peores años de la pesadilla del estalinismo.
Entonces estalló la guerra, y Grossman, en el 1941, se lanzó a defender a su patria. Esa experiencia le cambiaría del todo. Como dice uno de sus personajes en Vida y Destino, “sentía que, luchando contra los alemanes, luchaba por una vida libre en Rusia, que la victoria sobre Hitler sería también una victoria sobre los campos de la muerte donde habían perecido su madre, sus hermanas, su padre”.
Grossman se convirtió en corresponsal de guerra, en el más célebre de la URSS. Estuvo en Moscú, Stalingrado, Ucrania, Polonia y entró en Berlín en el 1945. A finales de la guerra se enteró de una información clave para el resto de su vida y que influiría absolutamente en su producción literaria: supo que, en 1944, su propia madre fue víctima de los Einsatzgruppen que actuaron en una Aktion en Berdichev –una de las “capitales” judías de Ucrania-, cuando la localidad fue ocupada.
Tras la muerte de Stalin en el año 1953, comienza un leve deshielo en la Unión Soviética, y Grossman cree llegado su momento. Aprovecha la nueva coyuntura para ponerse manos a la obra en la que sería su obra maestra: Vida y Destino, cuyo inicio data del año 1955, y elabora también la primera versión de Todo Pasa. Grossman finalizaría Vida y Destino en el año 1960 pero, aunque ya transcurridos siete años desde el deceso de Stalin, todavía no era posible publicar semejante novela en la Unión Soviética, ni siquiera bajo el leve deshielo de Jruschov. La obra llegó a la KGB, que procedió a su secuestro. Empezaba así la lucha de Grossman, la otra lucha después de la sostenida durante la Segunda Guerra Mundial, por que viera la luz una de las novelas capitales sobre la Guerra del siglo XX.
Grossman murió de cáncer en 1964 si saber nada de su novela, ignorando si algún día vería la luz o si las pocas copias existentes habían sido destruidas. La obra no aparecería hasta las décadas de los 70 y 80, y lo haría en el extranjero. Ambas novelas, Vida y Destino y Todo Pasa, eran producto de la conversión de su autor, conversión que experimentó durante la Guerra y que despertó su conciencia judía, identificándose por completo con uno de los protagonistas de Vida y Destino: Strum. De hecho, el personaje, en el libro, confiesa que nunca había tomado conciencia de que era un judío hasta que se vio inmiscuido en la guerra. Fue Hitler y el comportamiento de sus tropas –los batallones volantes- quienes se encargaron de que el personaje ficticio –Strum- y su encarnadura real, el escritor –Grossman- se dieran cuenta de su naturaleza hebrea con todo lo que eso conllevaba: un descubrimiento de la realidad opresora, del desarraigo, del aplastamiento al que los sometía el Estado totalitario; unas circunstancias ante las que ya era hora de revelarse. Todos los judíos de Berdichev fueron asesinados, la madre de Grossman entre ellos, circunstancias que el escritor refleja fielmente en su novela Vida y Destino. Por si esto fuera poco, la toma de conciencia judía y la nueva posición ante la realidad se consolidó a medida que Grossman avanzaba por los terrenos liberados, primero por Ucrania, y descubría las pruebas de la limpieza étnica de las tropas de Hitler, hasta que llegó al campo de concentración de Treblinka. Tal fue el impacto, que se puso manos a la obra: investigó sobre el campo, interrogó a testigos, supervivientes, también a algún verdugo, y culminó El Infierno de Treblinka, el primer testimonio publicado sobre los campos de extermino. A la par, el genocidio hitleriano se convertiría en uno de los temas recurrentes de Vida y Destino, además del antisemitismo ruso y ucraniano, que también obtuvieron su hueco en la novela.
Pero la conversión de Grossman no sólo se debe a su toma de posición judía: durante el conflicto pudo comparar comportamientos y decisiones de los dos tiranos –Hitler y Stalin- estableciendo por sus actos un paralelismo y una equivalencia; ambos era igual de sanguinarios y una vez derrotado en el campo de batalla el primero, debía luchar intelectualmente contra el segundo. El nazismo denunció las verdades sobre el supuesto paraíso comunista, descubrió los lagers, la inhumanidad de Stalin, y toda esa publicidad no fue ajena a Grossman. Ahora, ya no sólo denunciara la brutalidad del nazismo, sino que también hablará, como bellamente remarca Tododrov, del “el chirrido combinado de los alambres de púas de la taiga siberiana y del campo de Auschwitz”.
Las similitudes entre nazismo y comunismo quedan reflejadas en una de la escenas de Vida y Destino, en donde un viejo bolchevique detenido por los nazis entabla una jugosa y sustanciosa conversación con un alto oficial que debe interrogarle y en donde se demuestra que ambos regímenes son imágenes recíprocas una de la otra. No es de extrañar, entonces, que la novela fuera secuestrada por el KGB (confirmando así esa teórica reciprocidad de los regímenes, desde luego). El paralelismo era, ciertamente, sonrojante: la Noche de los Cuchillos Largos germana tenía su equivalente en las purgas de Stalin, el extermino de los judíos era similar al de los Kulaks, los campos de concentración tuvieron su réplica en los lagers, Auschwitz era a Kolimá y a Vorkutá como la Gestapo a la KGB.
Además, la bomba atómica y el impacto que Hiroshima y Nagasaki produjeron en Grossman también tuvieron fiel reflejo en su literatura: Strum, protagonista de Vida y Destino, hará un descubrimiento como físico que se relaciona con la fisión nuclear y que le valdrá una llamada de felicitación del propio Stalin. No hay que olvidar que Grossman era químico de formación y todo el proceso de la fabricación de la bomba atómica –proceso del que la URSS estuvo mucho tiempo huérfana- a la fuerza tuvo que llamar la atención en él, máxime una vez vistas las consecuencias del infierno desencadenado sobre territorio japonés por los resultados del Proyecto Manhattan. De hecho, en 1953 Grossman escribió un relato breve titulado Abel, que refleja el estado de ánimo de los pilotos y la tripulación del Enola Gay y el de las víctimas, salpicado de frases con un contenido tan humanista como esta: “Ni ese niño de cuatro años ni su abuela comprendieron porque les incumbía a ellos, precisamente, pagar las cuentas de Pearl Harbor y de Auschwitz”.
Como ya dije arriba, la muerte de su madre, o mejor dicho, el descubrimiento de la muerte de su madre a manos de un Einsatzcommando, marcaron el punto de inflexión en el carácter de Grossman, una vez más influido por los acontecimientos acaecidos en la Guerra Mundial. Vida y Destino, dedicada a ella, es la expresión de los pensamientos que le inspiró: compasión por su destino, admiración por su ejemplo, algo paralelo al destino de la Unión Soviética y de sus ciudadanos. Para Grossman, su madre ejemplarizóel destino de la humanidad en tiempos inhumanos”. En Vida y Destino la madre de Strum es fusilada por los nazis al estilo de la propia madre de Grossman; he ahí su homenaje.
Otro de los motivos de la toma de conciencia antitotalitaria y que marcó a Grossman fue la victoria de los rusos en Stalingrado, y que tan bien refleja en Vida y Destino. En Stalingrado se produjo un cambio ideológico significativo en contra del régimen de Stalin que se autodenominaba con el lema de el socialismo en un solo país. Sin embargo, no se defenderá la ciudad a orillas del Volga a través de consignas comunistas, ni citando a Marx y a Engels, no, sino que se recurrirá a mencionar el espíritu de Pedro el Grande, la heroicidad de Alexander Nevsky, empleando el popularismo de la Historia, enardeciendo el sentimiento nacionalista, identificando así a la nación con sus glorias pasadas. La ideología de Stalin, del Partido, el sistema en sí, no eran suficientes para calar en el pueblo, para llamarlo a resistir, y tuvo que ser ese nacionalismo exacerbado el que hiciera reflexionar a Grossman: un efecto más de la Segunda Guerra Mundial, el debilitamiento del ideal comunista que, no obstante, sobreviviría al nazismo.
Una resistencia inútil de Grossman; escritor que, en fin, sufrió el axioma de Rousseau al que me refería en la reseña del libro Invierno en Praga de Mnacko, de que en las relaciones entre los hombres, lo que peor puede sucederle a uno es encontrarse bajo el dominio de otro, y aún es peor si ese uno intenta, para mayor desgracia, hacer literatura.

Notable por la minestrone de personajes, algo caótica por la excesiva extensión, pero también por es un descomunal esfuerzo narrativo encastillado entre las ruinas devastadas de Stalingrado y en los laboratorios de agua pesada.

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