martes, 28 de diciembre de 2010

El Enamorado de la Osa Mayor -Sergiusz Piasecki-.




LA VIDA EN LA FRONTERA

Sergiusz Piasecki nació algún día indeterminado entre 1899 y 1901 en Lachowicze, Lituania, que por entonces formaba parte del sector noroccidental del imperio ruso y que actualmente es Bielorrusia. De hecho, su madre era Bielorrusia y su padre polaco. Con dieciséis años regresó a su tierra natal y se enroló en la división lituano-Bielorrusia del ejército polaco, enfrascada en una lucha contra el incipiente poder soviético y participó en sucesivas campañas contra Rusia, participando en la toma de Minsk y llegando a obtener el grado de suboficial. Sin embargo, sus reseñas biográficas aportan datos contradictorios sobre su militancia. Algunas dicen que, desde 1922 hasta alrededor de 1926, Piasecki decidió cambiarse de bando y que comenzó a trabajar para los servicios de la inteligencia comunista, mientras otras lo niegan. Parece ser que, después, ejerció de contrabandista y, más tarde, de bandolero. Caído en manos de la justicia, fue condenado a muerte, pena que se le conmutó por la de quince años de prisión. En la cárcel escribió su obra más famosa, El Enamorado de la Osa Mayor, de 1937, y que muy bien podría ser autobiográfica; gracias a los carceleros, los manuscritos de Piasecki llegaron a manos del novelista polaco Melchor Wankowicz, quien, entusiasmado, ayudó a publicar el libro en 1937: hasta tal punto conmocionó a los lectores que se llegó a promover una suerte de plebiscito para obtener la liberación del autor. En 1940, cuando Alemania ocupó Polonia, fue evacuado de la cárcel en la que cumplía condena, se fugó y se le perdió el rastro. Poco se sabe desde entonces, pero existen dos versiones. En la primera, tras la invasión alemana, se dedicó a luchar en la resistencia polaca antinazi y en 1946 emigraría a Gran Bretaña. La segunda versión, más pacifica, lo traslada a Inglaterra, en donde moriría, presumiblemente, en 1964. En cualquier caso, quedan testimonios fotográficos de Piasecki en Londres y allí vieron la luz otros libros suyos como Memorias de un oficial del Ejército Rojo y Nadie se Salva.
El Enamorado de la Osa Mayor apareció en español hace ya varios años, en otra edición, pero en este blog me refiero a la edición de El Acantilado, que se trata de una traducción directa del original polaco en donde destaca el brillante trabajo de los traductores que han recurrido al argot necesario para recrear la forma de expresarse de estos bandoleros. Argot: marca de agua indeleble del universo de la frontera y lo fronterizo.
Se abre la novela con una importante introducción, en donde el autor realiza un canto en prosa a la vida de los contrabandistas: "Vivíamos a cuerpo de rey. Bebíamos como cosacos. Nos amaban mujeres de bandera. Gastábamos a espuertas. Pagábamos con oro, plata y dólares. Lo pagábamos todo: el vodka y la música. El amor lo pagábamos con amor, el odio con odio". Es una oda a la vida disoluta y salvaje. A continuación, se pronuncia una loa a los compañeros… aunque en alguna ocasión, durante la novela, el protagonista no dudará traicionará a los suyos. Este prólogo también sienta las bases de la que será la autentica protagonista del texto: la naturaleza, implacable juez y ejecutora de las andanzas de todos ellos, que representa un desafío porque gran parte de la novela refleja la batalla de los personajes contra las inclemencias del tiempo. En este sentido la novela me recuerda a otros libros de aventuras, pero en ningún caso me recuerda a Conrad o Kipling, circunstancia sobre la que se centra bastante la crítica a la hora de ensalzar la obra.
Nos encontramos ante un libro de iniciación, el protagonista se adentra en un camino del que poco a poco va aprendiendo: el del contrabando. Pero también se pueden rastrear elementos comunes a la novela picaresca: sucesos en bares, iglesias, prostíbulos, en bailes y timbas de cartas con engaños y chanzas. Y resulta interesante destacar los marcados valores negativos en el retrato de algunos personajes: las mujeres, por ejemplo, son vistas desde un punto totalmente machista. Son el descanso del guerrero y meros juguetes sexuales, no importa lo que piensen o digan y solo sirven para satisfacer los instintos básicos, dar cobijo, placer y comida. Las mujeres acuden a los bailes para hacer una exhibición de sus carnes y ofrecerse al mejor postor que suele ser el más borracho y quien más las ha emborrachado. Es un mundo en el que impera la ley del más fuerte. La relación de amor platónico del protagonista con Fela no es creíble porque interpreta a las mujeres como mera mercancía y el torpe estudio psicológico del personaje no permite creerle un enamoramiento delicado al estilo del platónico (con su idealización y respeto por la mujer que chirría en el ambiente en que se desarrolla el texto). Este mal retrato psicológico de los personajes coincide con el papel plano de los mismos en la narración. Son meros peleles, mamarrachos que se mueven de un lado a otro zarandeados por la acción, que tal y como aparecen, muchas veces sin un sentido claro, vuelven a desaparecer sin sentido o con muertes absurdas. Da la sensación de que los personajes, sin ningún peso en la novela, salen volando atrapados en el vendaval de sucesos. Luego, el libro que se supone un canto al compañerismo, en situaciones extremas traiciona esa premisa desde el momento en que todos se plantean timar a los propios compañeros con la denominada y consuetudinaria changa, que incluso se intenta justificar con ciertos principios seudo morales. El enamorado de la Osa Mayor se inserta en la tradición narrativa oral, la del cuento tradicional y la oralidad lastra el texto, así como su extensión. Es reiterativo y repetitivo, y se hace aburrido y largo. Además, entre esos personajes más estereotipados aparece el judío, del cual el texto hace gala de un exacerbado antisemitismo.
El Enamorado de la Osa Mayor nos cuenta la historia de Wladek Labrowicz, que ingresa en la banda de Trofida, jefe de los contrabandistas que, como todos los jefes, está amargado por su continua vida al limite. En esta primera parte de la novela el protagonista vive una serie de aventuras fronterizas hasta que lo encarcelan, en donde destaca la camaradería con los otros contrabandistas y con los compañeros de celda. En la segunda parte del libro Wladek se fuga al ser deportado desde la Cheka de Minsk y entra a trabajar para la banda de Saszka, llamado el rey de la frontera, una especie de Monipodio que no deja de recordar a la novela ejemplar de Rinconete y Cortadillo. Su reino era la zona indefinida de la frontera (es curioso el personaje de un rey no adscrito a un terreno claramente delimitado, característica de la interpretación libre del poder de los contrabandistas). En la tercera parte de la historia Wladek, ya como huido de la justicia, empieza con su vida de fugitivo, ahora de una forma consciente, y permanece el mayor tiempo posible oculto. Trabaja pasando a disidentes políticos, actividad conocida en argot como “guiar figurillas”. Por diversos motivos (luchas contra bandas rivales, venganzas, delaciones) uno a uno los personajes secundarios van dejando solo al protagonista, que se retira del bandidaje, actividad que acusa de haber entrado en un cierto deterioro de los ideales, o así lo da a entender al final del libro, que ya no tiene sentido la vida del contrabandista, en crisis todos sus “valores”. Sí, ciertos valores, al menos, porque hay cierto espíritu quijotesco de justicia distributiva al estilo de una solidaridad mal entendida entre macarras.
Algo más poética es la justificación del título: las estrellas son las aliadas del protagonista para salvarle el pellejo ya que, perdido por los caminos, solo puede confiar en el revólver que ha cargado muchas veces, y en las estrellas, sobre todo en las que dibujan la constelación de la Osa, que le indican adónde debe dirigirse y a las que nombra como a novias: Eva, Irene, Sofía, María, Helena, Lidia y Leonia… Los recursos literarios de Piasecki son más bien escasos: en un par de ocasiones juega con la anticipación del lector avisando de futuras desgracias, eso es un producto de la oralidad que lastra al texto y esta tomado de las fabulas populares que adelantan, cantado, la desgracia o el final de los protagonistas para que el publico se aguarde hasta el final y deje la propina. El protagonista entra a elaborar algo así como una burda elegía del que va a desaparecer y entonces utiliza como recurso frases cortas para narrar esos sucesos extraordinarios. También abusa de cancioncillas populares de bandidos y traficantes provenientes de la tradición, sobre todo Bielorrusia, con la que salpica buena parte del texto para intentar así dotarlo de ambientalidad, no siempre conseguida, porque cuesta creer que esos tipos canten bien y guarden silencio ante una interpretación lírica. De esa misma tradición oral provienen las referencias a supersticiones y supercherías tales como ver el futuro en los posos del café, en la cera derramada sobre el agua, etc… y las gotas de argot también traslucen el lenguaje popular. Muchas palabras y expresiones: matutear, empapuzar, cenacho, papear, bebercio, lechuguino, iría con el cuento a los maderos echando leches, el Cuervecillo los tenía bien puestos, y tantas otras.
Las muertes trágicas que suceden en el libro suelen ser ejemplares (son muertes finales que muestran la entrada en crisis del oficio), aunque su carácter ejemplarizante queda diluido en lo vertiginoso de los hechos que se suceden sin dar, a veces, momentos a la reflexión porque Piasecki no pierde tiempo en descripciones y pinta con trazos fuertes los bosques, lagos, alambradas, valles y ciénagas que dan marco a las decenas de expediciones de contrabando en las que el protagonista, Wladek, solo o con sus compinches, lleva y trae todo tipo de mercaderías a través de la línea divisoria, desafiando a los delatores y a la muerte siempre al acecho, entre la noche y la neblina, desde la boca de los fusiles de los gendarmes. En ese el estilo hay una humanización de la naturaleza, de la naturaleza como un personaje más. En la concisión de las acciones, todo se resuelve con ahorro de medios, se encuentra la principal virtud de libro.
En la frontera, el bien y el mal le son ajenos al protagonista. Desafía a los soldados y despluma a sus propios colegas. Hay cierto ambiente de Western crepuscular, sobre todo al final, con un panorama absoluto de desolación, resumen de los tres largos años que ha pasado el protagonista en la frontera y que se hacen también demasiado largos, como si fueran muchos más para el lector en un mal concepto del uso del tiempo en la narración, que se hace caótica.

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