miércoles, 29 de diciembre de 2010

Ante la Ley -Franz Kafka-.




LA PUERTA A LA DESESPERACIÓN

En la obra de Kafka aparecen dos conceptos fundamentales: la culpa y la búsqueda de la redención, y a la culpa se vincula todo este relato. La culpa se refleja en el ansia de ser admitidos para limpiar o purgar un pecado que nos apabulla, en este caso presentarnos ante una Ley que nos redima. Y ser admitidos implica realizar una petición, una súplica. La redención llegará al ser aceptados en el seno de las leyes humanas y liberarnos así de nuestras cargas. El sujeto en el mundo kafkiano encara las dolorosas realidades desde la súplica, hallando siempre la negativa y la imposibilidad de conseguir aquello por lo que suplica (alcanzar un castillo, la explicación ante un juicio absurdo, el acceso ante la Ley). Exactamente esto sucede en la parábola. El campesino juzga que la Ley debería ser accesible para todos, pero no lo es para él, ni atiende a sus súplicas. La Ley, por medio de uno de sus empleados, se le niega. La Ley aparece como una sucesión de guardianes de aspecto temible, de obstáculos ante los que el campesino no puede responder sino con la resignación y la espera. El campesino es algo insignificante frente al Derecho. Sus culpas no son expiables. Al menos de momento.
Scholem realiza una interpretación mística de esta escena en su obra En la Kabbalah y su Simbolismo. Según él, puede insertarse toda la parábola en la tradición cabalística: La Torah vuelve una cara especial a cada uno de los judíos, exclusivamente reservada para él y únicamente aprehensible por él, y, por ende, un judío sólo cumple su verdadero destino cuando llega a ver esa cara, nos dice. Esto se cristaliza en la frase del guardián: Esta puerta era sólo para ti. Esta referencia de Scholem, para mí, es la explicación del texto. La Torah es para cada uno de los judíos, no sólo como libro sagrado, sino como compendio de Leyes que hay que cumplir, adecuadas a la individualidad de cada uno y extensible a todos, seamos o no judíos, seamos o no creyentes: una Ley adecuada para cada persona, una Ley a la que no es fácil acceder, a la que es muy difícil llegar y que sólo se obtiene tras toda una vida dedicada, con empeño, al estudio, forjando las virtudes personales y del espíritu con paciencia y perseveración. El individuo libre tiene que buscar su modo de entrar en la Ley o, enlazándolo con la interpretación rabínica, su modo de ver el rostro que la Torah sólo le vuelve a él.
Pero, además, y aquí nos deslizamos por el terreno de la sobre interpretación, la parábola bien podría responder a la experiencia que el escritor experimentó al entrar en relación con lo diferentes ámbitos del Derecho en la sociedad, del comportamiento de las leyes a través de las instituciones a las que perteneció –no en vano Kafka trabajó en una Aseguradora repleta de pleitos y leguleyos-: el Derecho se manifestaba ante el individuo como algo infranqueable, casi absurdo, que coexistía con una infinidad de trabas. E, incluso, rizando el rizo en la ya mentada sobre interpretación, hay quién piensa que Kafka lo que quiso decir es que todos llevamos una puerta abierta dentro y que sólo necesitamos saber como cruzarla o descubrir cuando será el momento adecuado. De ser así me pregunto: ¿una puerta? De acuerdo, pero… ¿abierta hacia adonde? ¿En qué dirección? Y, sobre todo, ¿qué nos aguarda tras ella?


2 comentarios:

  1. que presisaba el campecino para entrar en la ley

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    1. Eso es algo que debes decidir tú,Diego. Piensa en tus miedos y tus temores, en la sociedad que te rodea. ¿Qué necesitarías tú para acceder a la Ley? Esa es la respuesta.

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