sábado, 19 de mayo de 2018

El hombre exacto. Ensayo sobre Robert Musil-Jean Pierre Cometti


*Esta crítica apareció en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/un-escritor-fuera-del-tiempo-el-hombre-exacto-ensayo-sobre-robert-musil/

Un escritor fuera del tiempo. El hombre exacto: ensayo sobre Robert Musil


En alguna de esas absurdas listas que se elaboran sobre libros teóricamente indigestos y que nadie consigue terminarse jamás, además de aparecer disparates como El QuijoteLa montaña mágicade Mann, la obra de Proust, el Ulises de Joyce y La broma infinita de Foster Wallace, siempre suelen ubicarnos a Musil acompañando a todos estos ilustres ladrillos. Y conste que utilizo el término ladrillo porque eso suele desprenderse de los títulos de semejantes listas: Libros que nadie ha leídoClásicos que todo el mundo conoce, pero nadie lee, etcétera. La verdad es que, cada vez más, este tipo de clasificaciones me harta. Y entre Anna KareninaLos hermanos KaramazovGuerra y PazDoktor Faustus y la Divina Comedia, aparece empotrado Robert MusilMusil, siempre Musil, el infinito culpable de su gran pecado: El hombre sin atributos que, además, ni siquiera pudo terminar.

Para Robert Musil no hay lugar en la literatura actual, y parece que casi ni siquiera lo hubiera en la pasada. Si fuera una cuestión de librerías, libreros y editoriales, muchos de ellos intentarían rectificar la historia al estilo de Winston Smith en 1984 y borrar cualquier resto de existencia musiliesca. Simplemente, a dia de hoy, este escritor sobra. Sobra como no ha sobrado nunca ninguno antes. Sobra por culpa de un concepto profundo de ignorancia literaria que urge ya corregir.
Aquí y ahora, entonces, aparece la editorial Ediciones del Subsuelo. Y publica, en estos tiempos en los que Musil sobra, un ensayo titulado El hombre exacto, cuyo autor es Jean-Pierre Cometti y con la excelente traducción del francés realizada por Laura Claravall.
Resulta que a Ediciones del Subsuelo le interesa Musil. Resulta que a Jean-Pierre Cometti también le interesaba Musil (y Cometti es un peso pesado, no sólo en lo referente a filosofía, también en los estudios literarios, en especial sobre el propio Musil). Un momento, ¿pero no habíamos quedado en que Musil no le interesaba a nadie? Pues todavía existen algunos a los que nos importa porque, en efecto, Musil me interesa a mí también. Lo siento. Así que he decidido hablar hoy de este ensayo, de Musil y de la literatura de Centro Europa en esta columna de los viernes de El Odradek. Porque no podía ser de otra forma: A El Odradek le gusta Robert Musil y el ensayo de Cometti.

Alguien podrá pensar: si El hombre sin atributos es el paradigma de lo aburrido, y Musil es su creador, entonces un ensayo sobre Musil será una explosión de Valium. Todo lo contrario, porque esa afirmación alberga, al menos, dos errores: Musil no es aburrido, El hombre sin atributos es un texto divertido, repleto de ironía y humor disolvente, caustico y desesperanzado, y el ensayo de Cometti es una aproximación analítica, directa, como si el estudioso fuera un cirujano literario que con su escalpelo sabe poner al descubierto nervios y huesos novelísticos del personaje diseccionado; de Valium nada. Abandonemos el juego de los estereotipos y llamemos a las cosas por su nombre.
Cometti.

Musil es un escritor inteligente, divertido, y el ensayo El hombre exacto una aproximación concienzuda y rigurosa al sistema filosófico-intelectual que el escritor pretendía poner en pie en su novela, esa Kakania literaria que compendiaría gran parte de su concepción del mundo. Pero el trabajo no sólo repara en lo filosófico, y aquí radica uno de los enormes aciertos de Cometti, que lo alejan de cierto mal musiliesco interpretativo de la crítica que ha buscado centrarse en demasía en los aspectos filosóficos de Musil.
El problema siempre ha radicado aquí, entonces, no en que Musil aburra o sea aburrido. Que va. El inconveniente lo hallamos en que Musil es el gran desconocido de la literatura, casi entendido como un filósofo. Y es un escritor. Es un escritor que se hizo un harakiri con la tinta de su pluma —Mishima sin filo— dado que en 1906 su novela Las tribulaciones del estudiante Törless (Seix Barral) cosechó un notable éxito, a pesar de ser una obra cruda y desagradable. Fue muy bien saludada por la crítica, tal y como refleja Cometti en el ensayo al reproducir estas palabras del crítico Alfred Kerr en los momentos de la publicación del Törless:
Robert Musil nació en el sur de Austria, tiene veinticinco años, y ha escrito un libro que perdurará”.
Sin embargo, pronto brotó el Musil utópico, filosófico, complejo (que, por supuesto, ya estaba en el Törless, eso ni lo duden), solo que ahora los siguientes textos, breves como Uniones (Seix Barral) o el fracaso teatral de su obra Los alucinados, comenzaron a infectarse de esa ausencia de atributos que será determinante en el siglo XX, es decir, los personajes de sus novelas comienzan a representar “un fenómeno central del hombre y de la cultura modernos”.
Los alucinados, teatro. Fracaso en toda regla. Pasó sin pena ni gloria en Viena y fue un desastre en la cartelera de BerlínMusil hizo un teatro contrario a las modas imperantes del momento. Musil es un Thomas Bernhard, o Bernhard imita la obstinación teatral de Musil. Para Cometti:
Las obras que el público vienés podía ver en el escenario del Burgtheater, por ejemplo, eran según él la expresión de una mediocridad que atentaba contra la cultura en su conjunto (…) y por ello criticaba sin piedad las obras o las representaciones que se refugiaban en las convenciones de otra época y evitaban tomar un riesgo que él consideraba un deber asumir”.
Bernhard, ya lo he dicho. Aparte de a Musil, solo a Bernhard lo he visto atacar así al teatro vienés. Todo, en el párrafo anterior, nos recuerda a las novelas de Bernhard. Y claro, el recibimiento que Musil obtuvo de su obra le proporcionó una amargura teatral que lo acompañó el resto de su vida.
Y Musil, entonces, eligió despeñarse en el intento de escribir una novela monumental —en la que ya llevaba empeñado casi desde el principio, antes incluso de haber empezado cualquier otra obra—, que reuniría toda esa tesis, toda esa visión de un mundo sin atributos reflejada en Ulrich, el protagonista de la narración, y le irá en ello todo su tiempo, la salud y el empeño. Como asegura Cometti, captando el meollo de este problema peculiarmente musiliano donde:
los personajes desempeñan un papel insólito, a las puertas de quedar expuestos a su propia negación. Pueden interpretarse como una plasmación de las tensiones que enfrentan a dos polos aparentemente opuestos de la subjetividad”.
Musil, aprisionado entre esos polos, casi negándose a él mismo también, terminó por disolverse, diluirse en el empeño de acabar su Hombre sin atributos. Y buena prueba de ello son las numerosas aproximaciones filosóficas a la obra de Musil.
Yo no soy filósofo, soy crítico y teórico de la literatura, y ese aspecto de connotar una filosofía profunda, de todo un sistema de pensamiento trasvasado a la obra de Musil, demuestra hasta qué punto el autor llevó a cabo el intento de una novela total, lo que me permito denominar como la completa novela austrohúngara, alcanzando muchos hitos (literarios) en ella, pero quedándose a medias, quizás algo más lejos, por culpa de esa deriva ante los problemas de concepción filosófica y de concepción del mundo que han terminado por dar la idea de que el señor Musil es un plomo de cuidado.
Pero de eso nada, como ya hemos acordado. Que El hombre sin atributos puede calificarse como un proyecto novelístico elefanciaco, dinosáurico o monstruoso, a secas, no deja de sorprenderme porque no se trata de nada excepcional. Literariamente no está lejos, es más, se encuentra muy cercano a otras aspiraciones igualmente ambiciosas, por ser generoso con el adjetivo, como las de MannTolstoiDickens o Leopoldo Alas Clarín, que embutieron universos enteros en el interior de sus novelas, que son a la vez sistemas de pensamientos y unidades de acción.
No son menos paquidérmicas que El hombre sin atributos obras como La broma infinita de WallaceEl arco iris de gravedad de Pynchon o Las confesiones de Franzen, o En busca del tiempo perdidode ProustLos miserables de Hugo o Los hermanos Karamazov de Dostoyevski… Sin embargo, que la obra de Musil se presente, además, incompleta, le añade un plus de frikismo —no podemos engañarnos— porque, en estos tiempos de lo inmediato y la retribución fácil, en donde la cultura del esfuerzo ya solo se mantiene en el lema inscrito en las camisetas del Valencia Basket… ¿Quién va a leerse una novela de 1600 páginas que además está inacabada y presenta numerosas variantes y borradores finales? Ese espacio ya lo ocupa, por derecho propio, El castillo de Kafka (Cátedra). Y parece que con una novela así ya tenemos cubierto el cupo…
El esfuerzo... ya solo en las camisetas de baloncesto.
Musil, a los lectores, se nos ha ido diluyendo entre las manos, intentando analizar los porqués de una obra tan importante, circunstancia que nos ha ido alejando de su lectura para centrarnos en las interpretaciones, construyendo una fortaleza erudita alrededor del texto: convirtiendo a Musil en inaccesible, luego en olvidado y, al final, en prescindible. Uno de los rasgos de este absurdo y odioso mundo posmoderno en el que vivimos es que conseguimos con mucha facilidad hacer prescindible lo verdaderamente necesario, y Musil es una buena muestra del proceso.
Por eso, es mucho más que notable la importancia de que una editorial edite a Musil, pero no a Musilpropiamente dicho, sino un ensayo que recupere la figura del escritor obsesionado por conseguir “no escribir” una de las novelas más importantes de la literatura mundial. Un autor siempre atento al menor detalle, borrador tras borrador, en descomunal batalla contra su tiempo y su salud. Un Alonso Quijanode los Imperios Centrales.
En Cometti ha encontrado Musil un amigo, porque este ensayista y filósofo bucea en el proceso creativo del autor y nos habla de literatura, de la Literatura como experiencia, tal y como se titula una de las partes del trabajo, y se aproxima al escritor en El conocimiento del escritor: apuntes, intentando desentrañar la génesis, el chispazo creativo que condujo a Musil a empantanarse con semejante aventura “de mas de treinta años de esfuerzo y que no llegó a terminar”.
Musil abordó una utopía literaria, eso es innegable, que buscaba encontrar los resquebrajamientos entre la literatura y la filosofía, queriendo ser tan exacto en la formulación de ese universo que se convirtió en inexacto; porque llegó tarde al colofón de su obra, se le quedó inconclusa, y esa fue la mayor paletada de tierra que el propio Musil se atrevió a extender sobre su féretro literario. Porque a toda la complejidad literaria añadió la fealdad del aborto, esa que tan solo sabemos apreciar unos cuantos. Y somos pocos.
Si a eso le añadimos el mazazo hitleriano prohibiendo y calcinando su obra, llegamos a un lugar infame de la historia de la literatura: Musil que fallece de un derrame cerebral en el baño de la casa en donde ha sido acogido, en Suiza, sin dinero, llevando una vida de privaciones y con la angustia de haber arrastrado a su mujer hacia ese tipo de vida precaria. Todo por un empeño tan vano y absurdo como la literatura, incluso peor, por el empeño en construir una sólo obra. ¡Pero qué obra!

Musil empezó a pergeñar El hombre sin atributos allá por 1905. El primer volumen apareció en 1930 y el segundo en 1933. De forma póstuma, financiado por su mujer, el tercero vio la luz en 1943. La primera edición francesa es de 1957. En España la edición que podemos considerar canónica se la reparten Austral en su edición de 2010 (y que remacha en la portada con un sello de “edición definitiva”,) y la obra de Seix Barral, en dos volúmenes que incluyen la tercera parte póstuma, borradores y variantes, publicada en el año 2006.

En su novela, Musil intentó plasmar lo que denomina “una libertad negativa”, como principal maldad de esa Kakania que no es sino el remedo burocrático y cruel del Imperio Austrohúngaro, cristalizado, detenido en el tiempo y las tradiciones (y como ejemplo valga ese leitmotiv de la Acción Paralela que no es acción ni es paralela, ni siquiera se conoce muy bien lo que puede ser, pero todo el mundo se reúne, hace planes y habla de ella al respecto del emperador Francisco José).
Siguiendo esa idea de congelación, de tiempo que avanza con la lentitud de un edicto burocrático, el propio Musil concibió la tarea de la escritura así:
Seguir descubriendo siempre nuevas soluciones, nuevas interrelaciones, constelaciones y variantes, establecer prototipos de diferentes cursos de acontecimientos, modelos seductores de cómo puede ser el hombre, inventar el hombre interior”.
En efecto, “inventar el hombre interior”. Eso lleva su tiempo, puede que toda una vida para poder plasmarlo con éxito en la literatura. Sobre todo, si el intento se imbrica en el seno de un país comoAustria, “símbolo del mundo moderno” en donde impera “el mal llamado civilización”. Así, Diotima, uno de los personajes de El hombre sin atributos,
se siente víctima de una época que ella caracteriza como tiempo sin alma, dominados únicamente por la lógica y la psicología”.
Aquí encontramos el principal problema de caracterización minuciosa de la novela de Musil; debía ser capaz de poner en carnes literarias esos esqueletos vieneses. Podría hacerlo, pero no sería sencillo. Para poder plasmar esta idea, Musil entendía que:
era tarea del escritor inventar otras posibilidades más allá de las de la narración lineal, de la causalidad, del tiempo espacializado. Para ello debía apelar a una idea de la realidad distinta de la imagen ilusoriamente estable que tenemos de ella”.
Y claro, surgió esa Kakania, ese gemelo maligno del Imperio AustrohúngaroDoppelgänger estatalizado, alimentado desde la tradición de la novela fantástica del romanticismo alemán, encarnado en un espacio político de inacción en El hombre sin atributos. Tal y como Musil afirma en sus diarios:
la literatura no es simple descripción, sino, en primer término, interpretación de la vida”.
Una vida que, para sus personajes, tal y como advierte Cometti,
psicológicamente, en el comportamiento de Törless, en el de Claudine o en el de otros personajes de Musil, se manifiesta un estado que la psiquiatría de la época designaba con el término genérico de psicastenia”.
Una afección que puede venir caracterizada por ciertas fobias, con un sentimiento de extrañeza ante el mundo o de uno mismo que, de nuevo, nos lleva al romanticismo alemán, a esos relatos de E.T.A Hoffmann, por ejemplo, preñados de incomodidad e inquietudes, de cierto extrañamiento pavoroso como una característica de estas literaturas.

Porque no puedo evitar traer aquí ahora el análisis de las características de la literatura centroeuropea realizada por el filósofo y sociólogo, profesor de la Universidad de TriesteVáclav Bělohradský en su ensayo La vida como problema político (Milán, 1980) —ediciones Encuentro—. Soy comparatista, ya lo saben todos, y me resulta emocionante comparar este ensayo de Cometti con el de Bělohradský.
El patrón de la novela de la Mitteleuropa que expone Bělohradský en el tercer capítulo de su obra, Introducción a la civilización europea, determina que existen una serie de parámetros sociopolíticos centroeuropeos que son extrapolables a la literatura. El análisis detallado se realiza con novelas escritas por autores pertenecientes a los extintos Imperios Centrales, es decir, con obras de principios del siglo XX.
Su teoría es que la naturaleza del Imperio Austrohúngaro ha sido tan particular y peculiar, que ha calado muy hondo en el comportamiento y, sobre todo, en el pensamiento político y cultural de los ciudadanos de la Mitteleuropa, hasta el punto de que una serie de conductas han sido extrapolables a la literatura, expresión, por otro lado, que emana de los más hondo del espíritu humano y que, como tal, puede ser analizada desde esa perspectiva.
Siempre lúcido, Bělohradský.
Así, Bělohradský define a la sociedad centroeuropea como ultralegalista, junto a otro rasgo determinante: el llamado humorismo centroeuropeo en tanto en cuanto:
hunde sus raíces en algo que es la fuente conocida de ese sentido general de ambigüedad y de precariedad de toda forma racional de vida, de todo ordenamiento jurídico que se manifiesta de ese modo típicamente en la literatura centroeuropea”.
Resulta innegable que existe una línea que une, directamente, al Kafka más descarnado y con el Musilmás denso, pesado y kakánico. Y desde allí, se abrazan al sistema deshumanizado e incomunicado. El concepto, para Bělohradský, puede llamarse “la fuga hacia la ley”, y consiste en:
un enorme esfuerzo grotesco por transferir los aspectos irracionales de la vida, sus energías discontinuas y arrolladoras, a los modelos de orden racional y legal. La literatura centroeuropea descubre al paradójico estado de barbarie que supone este esfuerzo”.
En las obras de Kafka (qué decir de un relato tan paradigmático como Ante la Ley, que parece aglutinar y resumir toda esta teoría, casi una forma de vida), Musil o Jaroslav Hašek, se traza claramente esta máxima; y KunderaHrabal, Klíma, para referirnos  a autores que, escribiendo en la actualidad, comparten grandes rasgos de la misma, y que se trasvasa, deconstruye y cristaliza, se erige en una nueva realidad, en esa nueva subjetividad paradigmática en la obra de, por ejemplo, el autor austriaco Peter Handke.
Para Bělohradský el Estado Imperial, extraordinariamente fragmentado, intenta por todos los medios legitimarse con la construcción de un aparato administrativo impersonal riguroso, custodio inflexible de la legalidad. Surgen, así, visiones como la de El castillo kafkiano o la ciudad de Perla de Kubin (en su novela La otra parte editada por Minotauro). Las administraciones, en su intento de aplicar esta legitimación con su propio aparato administrativo impersonal riguroso, una burocracia, una censura y una vigilancia extremadas, generan una extrañeza ante la rigurosa y, tantas veces, absurda ley respecto de la vida privada, que genera situaciones y estados —y podría decirse que también Estados, con mayúscula— tan absurdos que resultan grotescos. Y aquí aparece otro componente de la literatura centroeuropea que se solapa al humorismo, y que es el concepto de lo grotesco.
Lo grotesco aparece en Kafka, por supuesto en Musil, especialmente en Hrabal y Hašek, en el austriaco Peter Handke. La idea de Bělohradský es que:
esta sensibilidad por todo lo que es ‘distinto de la ley’ y que crece secretamente bajo la fachada jurídico-legalística de todos los estados modernos es típicamente centroeuropea; el hombre moderno es atraído y seducido irresistiblemente por el aspecto nocturno del orden social”.
Desde Gustav Meyrink hasta Kafka, desde Urzidil hasta Kundera, pasando por Rilke o por Jan Neruda, y llegando a Iván Klíma, semejante seducción por el aspecto nocturno del orden social ha sido una de las marcas de agua de estas literaturas. Es más, Musil asocia la idea del orden a la de muerte: “un orden civil perfecto es la muerte de frío, un paisaje lunar, una epidemia geométrica.
En consonancia con MusilBělohradský concluye que:
los crímenes masivos que han sacudido a nuestro siglo hasta en sus certezas más radicales, son los resultados de esta epidemia geométrica (…) la cultura centroeuropea ha intuido el matrimonio íntimo de la racionalidad estatalista con la muerte (…) del progreso organizativo con la más cruel irracionalidad”.
Y eso mismo concluyó Kafka, y todos los escritores que vinieron después. Este esquema de la narración centroeuropea que Bělohradský define como “una regresión desde la estructura hacia la energía elemental”, gira en torno, pues, a los grandes temas dominantes de la cultura de los Imperios Centrales. De esta manera:
la seducción de la vida se convierte, de ese modo, en tema base de las historias centroeuropeas; el fracaso del intento de denominar las energías vitales mediante estructuras lógicas, cognoscitivas, metafísicas, es la fuente de la literatura centroeuropea”.

A los ya citados escritores de la Mitteleuropa, podríamos añadir Joseph RothStefan ZweigArthur SchnitzlerHermann Broch… etcétera. Bělohradský encuentra otras similitudes entre las diferentes literaturas centroeuropeas. Entre ellas, una incapacidad para terminar la obra literaria, para darle conclusión; todo ello adobado con una obsesión por el uniforme y el burocratismo que desembocan en ese humorismo pasado de vueltas, con toques existenciales que desembocan en lo grotesco y que entronca directamente con las estructuras más recalcitrantes del Imperio Austrohúngaro, que cimentó su ingente territorio, y la administración de la muchedumbre de sus pueblos, sobre estas premisas. Unas premisas que luego han repercutido en la literatura y cristalizado en ella. Como ocurre en El hombre sin atributos, pero no sólo en esa obra: El valeroso soldado Ŝvejk de Haŝek (El acantilado) es otro buen ejemplo.

Si puede considerarse la creación literaria de Franz Kafka como un claro ejemplo de la forma en que su literatura se nutre de estas características de la novela centroeuropea enumeradas por Bělohradský —en las obras La transformación, El proceso y El castillo entonces, estas mismas premisas son aplicables a la producción de Musil.
De hecho, y como ejemplo de la importancia de Musil Kafka en la creación de estas características comunes a la literatura de la Mitteleuropa, son las contribuciones de sendos adjetivos, lo kafkiano lo kakánico, para definir situaciones y comportamientos típicamente austrohúngaros, es decir, plenamente centroeuropeos, pertenecientes a esa región literaria de emanación cultural que conjura la hibridación entre lo kafkiano relacionado con lo archivístico y lo kakánico relacionado con lo burocrático.
Además, y a través de esas características de la particular literatura centroeuropea, Bělohradský puede componer una teoría sobre el estado totalitario que ya se apuntaba en el Imperio Austrohúngaro y que venía demostrada por ciertos comportamientos alienantes con sus súbditos, por ejemplo, más aún cuando en su exposición Bělohradský aúna la teoría del Kitsch y la idea de la banalidad del mal ambas apuntaladas por Hannah Arendt en el texto Eichmann en Jerusalén (Nueva York, 1961) —ediciones Debolsillo—. Pero eso ya es otra historia (o bueno, quizás no).

Musil buscó en su literatura una “interpretación de la vida”, algo que para Cometti significa que “sin duda está pensando en cuestiones estrechamente ligadas con una búsqueda relacionada con su propia existencia”. Yo creo que esa búsqueda, en el interior de una literatura propia, puede no encontrar un final.
Crudelísimo castigo para quién, en palabras de Cometti, fue considerado “demasiado intelectual para un escritor”. Quizás, aquí, radique el inmenso drama de Robert Musil, siempre excesivo, siempre brillante y siempre monumental. Circunstancias que se han ido tolerando francamente mal con el paso de los años, el paso de la modernidad, la llegada del egoísmo intelectual en esta época de posverdad, y el nuevo paradigma en donde la mamarrachada siempre le gana la partida a cualquier reflexión bien curtida.
Musil, amigo, todavía no ha llegado tu momento. Pero puedes seguir haciéndonos felices desde fuera del tiempo. Porque quizás solo desde fuera del tiempo, al final, podamos comprenderte.

jueves, 17 de mayo de 2018

Polifonía de lo inmanente-Gregorio Muelas y José Antonio Olmedo



*Esta crítica apareció en el blog de pensamiento poético Verde Luna:
https://verdeluna2012.wordpress.com/2018/05/14/polifonia-de-lo-inmanente-guia-del-autoestopista-poetico/

Polifonía de lo inmanente: Guía del autoestopista poético

Título: Polifonía de lo inmanente. Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017)
Autores: Gregorio Muelas y José Antonio Olmedo López-Amor (Prólogo de José Luis Morante)
Editorial: Lastura

Calificación: *** (Libro de referencia)
La editorial Lastura, en la senda de sus magníficas publicaciones, ha editado lo que, sin duda alguna, se trata de un libro de referencia ineludible a la hora de intentar comprender el agitado panorama poético actual en España. El libro Polifonía de lo inmanente, subtitulado Apuntes sobre poesía española contemporánea (2010-2017), es una guía necesaria para todos aquellos que necesitamos una brújula para poder orientarnos entre una poesía actual que se ha convertido en un complejísimo elemento de análisis.
El libro está firmado por dos críticos poéticos de evidente prestigio, además del aval que poseen al ser importantes poetas con reconocimientos y publicaciones de gran calidad. Los que aquí ejercen la crítica son Gregorio Muelas y Jose Antonio Olmedo, apoyados en la introducción —que no tiene ni una palabra de desperdicio— por otro peso pesado de la poesía y de la crítica: Jose Luis Morante. Lastura ha cuajado aquí uno de los libros sobre teoría y crítica poética más importantes del momento.
Gregorio Muelas queda bien presentado con tan sólo leer la entrevista que no hace mucho le realizamos aquí en Verde Luna, y que encontrarás en este enlace:
Algo parecido ocurre con Jose Antonio Olmedo, conocido por su heterónimo de Heberto de Sysmo a la hora de hacer poemas, y cuyo poemario La flor de la vida. Elogio de la Geometría Sagrada (en Lastura) también hemos analizado en Verde Luna:
Polifonía de lo inmanente, por tanto, viene firmado a dos manos —más el prólogo de Morante—, en una construcción muy parecida al libro de haikus que ambos poetas ya publicaron en conjunto, La soledad encendida (Ultramarina Cartonera) y del cual también hemos hablado:
Además, MuelasOlmedo y el propio Morante, han ido sacando adelante los números de Crátera. Revista de crítica y poesía contemporánea, de cuyas presentaciones y contenidos de las dos primeras entregas os hemos informado cumplidamente:
Así las cosas, el libro de Polifonía de lo inmanente recoge una selección de las críticas poéticas que en medios especializados han venido realizando ambos autores, que abarcan desde el año 2010 y alcanzan hasta finales del 2017, puesto que el libro fue editado en el mes de diciembre del pasado año.
Un total de 40 críticas en donde son todos los que están, aunque por supuesto no estén todos lo que son. Me explico: quienes aparecen en estas páginas son aquellos poetas que de verdad se merecen aparecer porque han descollado aportando novedad, destacando entre el panorama caótico y demasiado agradecido (por no decir que servil) que alimenta a gran parte del mundillo poético de hoy en día.
Por eso, todos los poemarios y autores que aparecen lo hacen en función a unos méritos bien demostrados, y puedo asegurar que no parece que nadie se haya colado de rondón, en un ejercicio de neutralidad que mucho dice de Muelas y Olmedo a la hora de saber colocar cada cosa en su valor, escapando de amiguismos y favores personales que tan a menudo prostituyen este tipo de reseñas y críticas, convertidas en un juego de favores devueltos y en un intento de quedar bien.
Nada de ello aparece en este libro, que además de las críticas, presenta sendos ensayos o trabajos de Muelas Olmedo como una forma de abrir boca al compendio que van a presentar. Así que dos ensayos, 40 críticas de otros 40 autores, y un prólogo de Morante para un libro indispensable, un texto con el que podemos viajar quienes, como autoestopistas de lo poético, y ante el aluvión de presunta poesía que nos acecha desde las Redes Sociales y desde los mentideros del capitalismo literario, no somos capaces de discernir a que poemario subirnos, con tanto riesgo como hoy en día existe de descalabrarnos.
1.Los placeres de la buena crítica
Así que empezaré el análisis de esta guía de viaje por la poesía española actual dedicándole mi atención al prólogo del crítico y también poeta José Luis Morante, titulado “La crítica como placer lector”, y que opera como un lujoso receptáculo sobre el que después extenderemos las gollerías en forma de reseñas críticas que nos ofrecerán Muelas y Olmedo.
Como el libro es un compendio de críticas, lo que Jose Luis Morante hace es reflexionar a cerca del oficio del crítico, de su vocación, de sus características, de sus filias, de cómo es la materia a la que se enfrenta y la forma en que debe tratarla. Y como una primera premisa por la que debe empezar a vestirse:
el crítico debe tener una explícita vocación de lector. Solo quien está formado tiene conocimiento y ese es el punto de partida”.
De esa forma,
el crítico es un lector intuitivo que poco a poco completa una personalidad intelectual”.
Después, es decisiva la independencia, esa actitud de la que hacen gala Muelas Olmedo, a la que ya me he referido anteriormente, y que Morante acota en una cita de Borges:
Alabar y censurar son operaciones sentimentales que nada tienen que ver con la crítica”.
Lamentablemente, en muchas revistas de crítica se está más por el halago y por los odios, por el amiguismo y por las cruzadas personales; tal y como afirma Morante en su prólogo:
En su tarea de hacer lectores la crítica traza juicios sobre la realidad literaria o confunde al lector cuando se pliega a intereses editoriales concretos; el crítico entonces se convierte en un hacendoso comercial que puerta a puerta enaltece las invisibles cualidades de un producto”.
Aún así, quedan reductos de integridad que encumbran la crítica a la categoría que merece, libros como esta Polifonía de lo inmanente así vienen a demostrarlo, y yo la entiendo como un género literario en sí misma porque, como afirma Morante:
la crítica no es un subproducto, prolonga el pensamiento teórico dedicado a la propia poesía”.
Es decir:
poesía y crítica se ensamblan sin disidencias”.
Siempre que estén bien elaboradas ambas, me atrevo a añadir.
Por último, Morante se fija en el contenido específico de Polifonía de lo inmanente, un
detallado análisis de influencias y afinidades de autores que aportan títulos de interés en el árbol sólido de la regeneración literaria del siglo XXI
y en donde
el enfoque (…) no se limita a una simple relación de características y poetas”,
porque son
“una convergencia de estéticas plurales que permite intuir la sensibilidad del tiempo digital; confirma que sus aportaciones son pilares firmas, cimientos estables de la poesía de hoy”.
Eso significa que nos encontramos ante un libro-mapa, o un libro-brújula, que nos ayuda a entender lo que se debe leer (y tal vez por descarte lo que resulte indeseable) en el confuso mundo de la poesía 2.0 de estos tiempos de posverdad, mentiras cibernéticas e idolillos de InstagramTwitter y Facebook que firman contratos con grandes editoriales en función del enorme número de seguidores y de la cortedad de su talento literario. Menos mal que libros como esta Polifonía han venido a enseñarnos, con una diana roja pintada en el centro, los poetas que en estos momentos sí merece la pena que sean leídos.
2. Crítica y buenos críticos: la crítica constructiva como aprendizaje solidario
El grueso del trabajo se inicia con el ensayo de José Antonio Olmedo titulado “Fragmentación del yo, perfilamiento y materialismo, como delaciones tiempo-espaciales de la identidad”. Aunque el título pueda parecer algo complejo, el ensayo buscará ahondar en las claves sobre la crítica anteriormente expuestas en el prólogo de Morante, reflexionando sobre la situación y función de la crítica actual, inmersa en el momento poético, quizás, más complejo de las últimas décadas dado que, tal y como se afirma,
hasta siete generaciones de poetas conviven en una extraña armonía”.
Después, atenderá a la evolución histórica de las corrientes poéticas desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad, sin descuidar, además, a nombres y tendencias, dando a entender, así, los motivos de la inclusión de varios poemarios en las críticas posteriores que aparecen en el libro.
Sin embargo, tal vez atravesado por el espíritu crítico de Polifonía de lo inmanente, prefiero centrarme más en la primera sección del ensayo de Olmedo que en ese recorrido, interesantísimo por supuesto, por las variantes que ha experimentado el “yo poético” hasta alcanzar nuestro presente.
Lo primero que manifiesta Olmedo es la imperiosa necesidad de la existencia de un aparato crítico que se ocupe de la poesía. Ya he advertido que la considero como un género propio, y el autor también parece coincidir con este punto de vista al copiar una sentencia de Jaime Siles:
La poesía es un estado de gracia, como la crítica lo es —o debería serlo— de conciencia”.
Aunque parezca obvio, ser crítico exige de una actitud crítica, y desde esa falta de voluntad se puede construir el axioma de lo que es la mala crítica, tal y como la señala Olmedo al inicio de su ensayo. Una mala crítica, o lo que puedo calificar como una crítica innecesaria e inútil que nada aporta porque no es una crítica, se caracteriza por un
“afán laxo o condescendiente”,
que es producto de
la concesión o devolución de favores, el temor a fabricarse enemigos de la nada o simplemente, el nepotismo”.
Estas son razones más que sobradas para que muchos ya piensen en “la muerte de la crítica”. Esto podría ser un hecho si atendemos a las características enumeradas por Olmedo que suelen predominar en la tarea crítica desde hace mucho tiempo, incluso desde antes de la crítica en Redes, que ahora le permite opinar hasta al mayor descerebrado:
predominio de recensiones elogiosas, burdas o simplemente, opiniones superficiales, que poco, o nada bien, hacían a la literatura”.
Sin embargo, una buena crítica debe pasar por ser objetiva, y no por sacudir a diestro y siniestro por mucho que aquello que merezca ser tratado así lo pida a voces. En ese asunto he podido hablar con el propio Olmedo acerca de nuestra idea de buena crítica, y hemos llegado, ambos, a la conclusión de que será complicado que nos vean escribir mal de alguien.
En primer lugar, porque no merece ni la pena ni el tiempo, ni dedicarle un valioso espacio que al final está publicitando lo criticado, y que priva a otro autor de un sitio que se merece mucho más. En segundo lugar, y esta es la clave, porque ambos, Olmedo y yo, y Gregorio Muelas también, entendemos esto de la crítica como una tarea constructiva en donde es innecesario hundir a nadie. Simplemente, atendiendo a lo que no criticamos, ya estamos demostrando bien a las claras lo que creemos que vale y lo que no vale. Tan solo hay que fijarse de qué autores o poemarios no hablamos nunca, y de quienes sí lo hacemos. Esa sería nuestra feroz crítica negativa, al menos en mi caso.
Por eso, y porque muchos autores pésimos del boom digital se favorecen, además, de haber fichado por grandes grupos editoriales que poseen apoyos en la prensa y en los diferentes medios de comunicación, el crítico, con su actitud, debe tratar de solucionar esa injusticia que se comete con los poetas de largo recorrido, autores que llevan años bregando a pecho descubierto y que no gozan de las simpatías del mercantilismo literario:
Para el crítico honesto, equilibrar injustas desproporciones del sistema es tarea diaria”,
por lo que no tiene sentido volver a hablar, aunque sea mal, de quienes copan esos medios. Es tarea de honestidad refrenar nuestra bilis y ocuparnos de quienes sí merecen la pena y son casi invisibles, porque el lector nos lo agradecerá y como críticos estamos aquí para agradar al lector con nuestras recomendaciones. No para irritarlo con insultos y descalificaciones.
La crítica, enfocada desde esta perspectiva, se convierte en algo muy beneficioso para los autores y los lectores, integrándose en un circuito del que todos salen reforzados:
El crítico es una parte importante del círculo literario que comienza en el autor-creador. Continúa en el editor-divulgador y culmina en el lector, quien no es más que otro crítico, pero esta vez susceptible de ser influido —con o sin intermediarios— por la obra, y a través de su proceso de recepción e interpretación, quien la termina”.
Por tanto,
el buen lector, el lector activo, debe saber relacionar” porque “las analogías solo esperan a quien las busca”.
Se debe
entender el pensamiento crítico como algo divulgativo, inclusivo y didáctico”.
Algo que
nos hace partícipes de algunos de los valores incuestionables de la crítica (…) acercar los libros a los lectores, orientar en su búsqueda, ofrecer una opinión fundamentada”.
Todo esto lleva a
concebir la crítica como un pensamiento en voz alta, como un aprendizaje solidario”,
dado que debemos ser conscientes
de que no es lo mismo leer para entretenerse que leer para reseñar”.
No cabe ninguna duda de que el crítico debe
 “aspirar a educar la mirada del lector”.
Por todo ello, y en relación con lo que anteriormente comentaba de la crítica destructiva, Olmedo concluye que se debe
aspirar a una crítica constructiva, exigirse honestidad y compromiso; no escribir crítica literaria para destruir, sino para construir”.
Y añade un aforismo de cosecha propia bien oportuno:
Leer es reflexionar por cuenta ajena. De una buena crítica se aprende del criticado; de una mala crítica se aprende mucho más de quién critica”.
Olmedo predica con el ejemplo en Polifonía de lo inmanente, y aplica a rajatabla esta máxima: solo aprendemos, en este libro, de los criticados, Nada atisbamos de quienes los critican, salvo su gusto y pasión por la poesía.
 3. Buscar los objetivos e intereses de la poesía española actual según innegables criterios de calidad estética a la hora de elegir a los reseñados
El ensayo que aporta Gregorio Muelas, titulado “Polifonía y diversidad. Una panorámica sobre la poesía actual”, parece recoger el relevo justo desde donde la ha depositado Olmedoen la parte final de su exposición, para analizar lo que denomina como:
el mapa lírico actual de nuestro país”,
Un mapa que es:
“complejo, misceláneo y ecléctico”,
tanto
que resulta una tarea ardua trazar unas líneas definitorias sobre un fenómeno que en la última década ha multiplicado tanto sus medios de producción como sus productores y donde conviven y se superponen diferentes generaciones”.
Sin embargo, Muelas Olmedo están dispuestos a tratar de organizar el asunto:
Con los autores de las reseñas que siguen pretendemos, más bien, señalar cuales son las grandes líneas que definen la poesía que se escribe en nuestro país, abarcando un periodo concreto de ocho años, de 2010 a 2017, pues solo concentrando nuestro esfuerzo en la producción de la última década podremos tratar de vislumbrar cuáles son los ecos y las permanencias, los objetivos y los intereses de la poesía española actual”.
Que nadie se llame a engaño, es un intento de ofrecer un panorama, lo que yo he denominado un mapa o una brújula, una guía, pero en ningún caso se trata de ofrecer
una finalidad antológica y, por supuesto, está muy lejos de pretender establecer un paradigma canónico”.
En esta Polifonía nos vamos a encontrar
una serie de obras de evidente interés que dicen algo novedoso dentro de una determinada tendencia, ya sea por su lenguaje, ya sea por su mensaje, ya sea por su estructura, ya sea por su finalidad”.
La finalidad de la recopilación crítica es evidente:
tratar de discernir las motivaciones y los objetivos de unos autores que, partiendo de un determinado contexto, han sido capaces de proponer un punto de vista diferente”.
Se trata, por tanto,
de abrir una vía alternativa a los intereses comerciales, tan en boga, y a las concepciones elitistas, de rancio abolengo, proponiendo una lectura plural y diversa”,
y es aquí en donde radica la principal virtud y fortaleza de esta Polifonía de lo inmanente.
Cuando Muelas entra a analizar el panorama actual emanado de las Redes Sociales, no se anda con miramientos:
la más reciente hornada de poetas, muchos de los cuales han hallado en las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram) su principal vehículo de expresión y de captación de seguidores, es un fenómeno de ventas dirigido a un público ingenuo que ha generado no poca polémica en la comunidad académica por su supuesta simplicidad y el abuso de ciertos clichés propios de la posmodernidad”.
Sin duda, se trata de un
fenómeno comercial, más propio de la mercadotecnia que del discurso intelectual”.
Por eso, el criterio a la hora de incluir a los reseñados en Polifonías ha atendido al
principio de excelencia literaria, es decir, de innegable calidad estética
Porque no hay, quizás, otra forma de poder cribar una situación en la que
cada vez sea más difícil discernir la música del ruido”.
Se trata de un panorama harto complejo en donde
los consumidores mayoritarios son los propios cultivadores del género, dado que este exige un lector culto, es decir, versado en la materia”.
Esto puede conducir a la percepción de que
hay más poetas que lectores de poesía
como una consecuencia del estado de
crisis de conciencia (…) que tiene su reflejo en el mundo editorial”.
Muelas repasa, desde este punto, la evolución de las corrientes poéticas de finales y cambio de siglo y se aproxima a los géneros más exitosos como el haikú que él mismo cultiva con maestría, para dar paso, tras estas últimas reflexiones, a las críticas de los 40 poemarios seleccionados.
 4. Los poetas y sus poemarios
Las reseñas se inician con el aproximamiento a Piedras al agua, de Antonio Cabrera, un poemario de 2010 publicado por Tusquets. Desde aquí, desfilaran nombres como los de Julia Uceda ValienteDolors Arbeloa con su poemario Máquina (2012), Bibiana Collado Cabrera, o el interesantísimo Masa crítica del poeta Francisco Alba (2013), propietario de una lírica que Olmedo denomina como “lírica transgénica”.
A todos ellos les siguen, entre otros, Julia Conejo Alonso, y después llega un volumen de los cruciales, Fuera de campo, la poesía reunida de Pablo García Casado (2013), una “poesía del realismo sucio” para Olmedo. También aparecen reseñas de trabajos de Jorge Ortiz RoblaJaime Siles y su Cántico de disolución (2015), el extensísimo análisis del poemario de Blas Muñoz Pizarro titulado De la luz al olvido (2015) en un texto inédito de Gregorio Muelas, y más nombres: Maria Teresa Espasa, un clásico como Antonio Marín Albalate, el poemario La zanja (2015) de Nuria Ruiz de ViñaspreMuseo de cera (2016) de José María Álvarez, y Licencia para bailar (2016) de Kety Parra Carrillo, además de Gema PalaciosYaiza Martínez, Ricardo Bellveser…, y algunos otros poemarios determinantes como Contra las cosas redondas (2016) de Jesús Jiménez Domínguez, y Tópo (2016) de David Trashumante.
Se completa así esta Polifonía de invitados a la nutricia mesa de la poesía, determinada por estrictos criterios de calidad e innovación, elegidos por dos críticos que son poetas, o por dos poetas que, incluso, son capaces de ejercer una crítica constructiva que funciona como el mapa de una ruta que marca el lugar del tesoro, ese botín lírico (tal y cómo lo definiría Günter Grass) que significan todos esos libros que no debemos pasar por alto entre la saturación comercial y que, sin duda, serán capaces de hacernos un poco más felices.
Por eso, esta Polifonía cultivada por Gregorio Muelas y José Antonio Olmedo es un concierto poético a dos manos cuyo único objeto —un esfuerzo de crítica descomunal— es el de conducirnos por algunas carreteras secundarias muy bien pavimentadas, hasta la felicidad. Y lo que se ubica fuera de este mapa, en las mesas de novedades con los sitios milimétricamente pagados por las editoriales, en los muros de Internet, y en las publicaciones de Instagram, de verdad, no nos interesa. Ni lo más mínimo. Porque suelen llevarnos por carreteras muertas que desembocan en el despeñadero de la obviedad, los epígonos, los diletantes, las figuras de repetición y los lugares comunes.